10. RECOMENDACIONES

A partir de los hallazgos presentados en las secciones previas y de la revisión bibliográfica se proponen varias acciones que pueden contribuir a resolver la problemática abordada en el estudio. Algunas recomendaciones son acciones puntuales de corto plazo que pueden ser instrumentadas a través de instituciones gubernamentales y no gubernamentales, mientras que otras propuestas son tareas de largo plazo que implican promover cambios en la sociedad respecto a símbolos-valores culturales y las formas de exclusión que derivan de ellos.

Un requisito para la eliminación de la opresión de los BLH es la superación del sistema de géneros, es decir, la supresión de los estereotipos de género, el heterosexismo y el androcentrismo. En décadas recientes el trabajo de las organizaciones sociales de las mujeres y de BLH han contribuido en gran medida a los cambios observados en el sistema de géneros, sin embargo, éste aún se mantiene como una de las principales ideologías que mantiene la exclusión de distintos grupos sociales.

El movimiento de liberación homosexual centra su discurso en la homofobia y el heterosexismo, y en el caso de los grupos lésbicos con enfoque feminista, además de lo anterior, centran su trabajo en la lucha contra el androcentrismo, sin embargo en ambos casos no se ha incorporado la normatividad que deriva de los estereotipos de género. De tal forma que en el discurso político de la mayoría de estas organizaciones sociales se resalta el reconocimiento y respeto a las distintas expresiones socio-eróticas, pero prácticamente no se ha contemplado el problema del prejuicio contra la trasgresión de los estereotipos de género.

Es pues necesario que estas organizaciones continúen trabajando para eliminar los prejuicios contra la homosexualidad, pero también podría ser conveniente que incluyeran dentro de su ideario político el hecho de que los estereotipos de género son una construcción social, y por tanto el no apegarse a ellos no debería ser motivo de ninguna sanción. Es evidente que estos cambios no se realizarán por decreto y de una vez y para siempre. Los mismos individuos deben de cuestionar los valores que mantienen denigradas a la homosexualidad y la trasgresión de los estereotipos de género. Las instituciones pueden contribuir a cambiar los valores, tal como han tenido la capacidad de reproducirlos.

A través de las publicaciones dirigidas hacia BLH se puede promover la revalorización de la trasgresión de los estereotipos de género. Actualmente en la mayoría de estas publicaciones[13] se refuerza el ideal masculino, por lo que sería conveniente implantar una política editorial en la que se enfatizará la publicación de imágenes y textos en las que se vinculará la feminidad de varones con signos positivos.

El lenguaje es uno de los vínculos más importantes por el cual se reproduce el sistema de géneros, por lo que se requiere que se promueva el desuso de términos peyorativos o que denigren la homosexualidad y la trasgresión de los estereotipos de género. Esta tarea es indispensable para cambiar las representaciones y los significados asociados con homosexualidad y trasgresión de los estereotipos de género.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan BLH es la violencia debido a que no se apegan al estereotipo de género o por su orientación sexual. Las formas de violencia más frecuentes fueron la violencia verbal, la violencia física y el acoso sexual; las cuales se asociaron con mayor riesgo de presentar ideación suicida, intento de suicidio, trastornos mentales y alcoholismo. Para superar esta violencia se requiere eliminar los prejuicios y estereotipos contra la homosexualidad y la trasgresión de los estereotipos de género.

Una proporción importante de los/as entrevistados/das recibieron distintas agresiones en la niñez y adolescencia, además de que los ‘compañeros de escuela’ fueron señalados como los agresores más frecuentes. La niñez y la adolescencia son dos etapas muy importantes en las que se puede intervenir para prevenir la violencia. En este sentido, Lock y Kleis (1998) han señalado que tanto en homosexuales como en heterosexuales, la etapa escolar es el momento en el que se inician la mayoría de las actitudes y conductas homofóbicas. Por ello las escuelas son un espacio privilegiado para comenzar a promover un clima de respeto a la diversidad a través de sus programas de estudios.

Aunque la violencia fue frecuente, solamente una minoría de entrevistados había reportado las agresiones de las que fueron víctimas. Es necesario alentar el reporte de la violencia, lo cual contribuiría a evidenciar el problema ante la población y las instituciones gubernamentales para que en el futuro se contemple la implementación de programas. Sin embargo, la denuncia de la violencia es inhibida en gran medida por la discriminación que existe en las instituciones que imparten justicia. En esta área las organizaciones sociales de BLH, como La Comisión Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia , tendrán un papel fundamental.

Las formas más frecuentes de discriminación fueron la detención, extorsión o amenaza de policías, la discriminación laboral y el maltrato de empleados de servicios. Esto indica que se requiere que los prestadores de servicios reciban capacitación para eliminar el trato discriminatorio. Esta recomendación es especialmente importante para los servidores públicos relacionados con la impartición de justicia, los empleados del ghetto comercializado y las instituciones que atienden a BLH. Crepeau (1998) ha descrito algunas estrategias para hacer que los profesionales en formación examinen y rompan sus estereotipos sobre los BLH, se sensibilicen sobre las dificultades cotidianas de esta población y eviten la orientación heterosexista.[14]

Es inviable proponer que se elimine el ghetto comercializado, pero es factible modificar su lógica. Una de las medidas que se puede realizar es que dentro de las formas de ghetto comercializado no se promueva el consumo alcohol eliminando ofertas o consumos obligatorios. Del mismo modo, la actividad sexual dentro del ghetto debe de darse en condiciones en que se posibilite el acceso a sexo protegido (e.g. acceso gratuito a condones), además de que deben de promoverse áreas donde sea factible entablar relaciones sin que impliquen actividad sexual.

Actualmente en la ciudad de México existen distintas organizaciones sociales que están enfocadas a la población BLH cuyas actividades abarcan grupos de socialización, apoyo espiritual, consejería psicológica y prevención de la infección por VIH. Los hallazgos de esta investigación afirman la necesidad de tales organizaciones en tanto que son una alternativa a las dos formas de ghetto. También es necesario que las instituciones gubernamentales contemplen la creación de programas enfocados a BLH en los centros comunitarios y de salud que ya existen, con ello se contribuirían a dar visibilidad a los BLH y a incrementar el acceso a formas alternativas de socialización.

El marco conceptual presentado en este reporte puede ser de utilidad a las organizaciones que trabajan con BLH ya que permite identificar los orígenes de la opresión de BLH así como las consecuencias que ésta tiene en su salud. Una actividad frecuente en las organizaciones de BLH es la discusión colectiva sobre las vivencias cotidianas de los asistentes, el esquema conceptual de este trabajo puede ser utilizado para orientar esas discusiones sobre todo para identificar las causas y consecuencias de la opresión. El esquema conceptual también permite identificar tres niveles (los valores dominantes del sistema de géneros, las formas de opresión y la internalización de la opresión) en los que se puede incidir para contribuir a mejorar las condiciones de vida y de salud de BLH.

Otro resultado del estudio fue que las tres formas de opresión internalizada (homofobia internalizada, estigma y ocultamiento) se asociaron con mayor riesgo de presentar ideación suicida, intento de suicidio, trastornos mentales y alcoholismo. Los espacios comunitarios contribuyen a reducir la opresión internalizada, y por tanto, a prevenir los daños a la salud asociados con ella. Varios autores han descrito que los BLH eliminan sus prejuicios y aceptan con más facilidad su orientación sexual cuando conviven con otros BLH (Parks, 1999), además de que esta convivencia reduce el sentimiento de aislamiento, soledad y excepcionalidad (Martín y Hetrick, 1988). De acuerdo con Gonsiorek (1988), los grupos de apoyo o auto-ayuda son una de las estrategias que pueden ser utilizados para reducir la homofobia internalizada. Estos grupos, a través de la discusión colectiva de sus experiencias cotidianas y la coordinación de un profesional, sirven para que los individuos identifiquen el origen del heterosexismo y los estereotipos de género, hagan conscientes las formas de opresión internalizada, discutan alternativas para enfrentar las agresiones, encuentren apoyo de pares, socialicen y compartan información.

Los grupos de auto-apoyo también pueden contribuir a reducir el distrés psicológico derivado de la violencia. Entre los beneficios que las víctimas de violencia reciben de los grupos de auto-poyo se encuentran: 1) el grupo les permite comprender que no son las únicas personas que han sufrido violencia, 2) les proporcionan información y consejos sobre cómo afrontar sus eventos negativos, 3) alientan a externalizar la causa de los eventos negativos en lugar de atribuirlos a sus personas, y 4) las víctimas tienen conciencia de que otros las apoyan (Perloff, 1983; Janoff-Bulman y Hanson, 1983; Garnets y col., 1992).

También deben de contemplarse la consolidación de y creación de más grupos de apoyo dirigidos a familiares –en especial a padres- de BLH ya que ellos también tienen actitudes negativas hacia la homosexualidad, lo que provoca reacciones hostiles hacia los miembros no-heterosexuales de la familia o que experimenten sentimientos de culpa por tener un familiar no-heterosexual (Sophie, 1987; Strommen, 1989).

Un hallazgo importante de la investigación fue que en los varones la asistencia al ghetto, la violencia, la homofobia internalizada y el estigma se asociaron con distintas prácticas sexuales de riesgo como consumo de alcohol o drogas antes o durante las relaciones sexuales, relaciones sexuales sin condón y tragar semen. Esto puede indicar que las estrategias que contribuyen a eliminar la opresión que sufren BLH también podrían favorecen la reducción de conductas de riesgo en varones homosexuales y bisexuales. La mayoría de las campañas para prevención de la transmisión del VIH se enfocan solamente en la diseminación de información sobre el uso de condón y otras prácticas de sexo protegido o seguro. Los hallazgos del estudio indican que este enfoque es insuficiente pues el uso de condón está influido por las distintas formas opresión. Por ello es importante que en las campañas de prevención de VIH/Sida dirigidas a bisexuales y homosexuales se incorporen aspectos sobre el heterosexismo, los estereotipos de género y las formas de internalización de la opresión (homofobia internalizada, auto-ocultamiento y estigma).

Las acciones que los gobiernos han implementado y que están dirigidas a BLH han sido básicamente relacionados con la prevención de VIH/Sida, estas acciones han sido producto de la magnitud del problema, y no por que se reconozca la existencia de estos grupos. Sin embargo, en esta investigación se ha evidenciado que además del VIH/Sida, los BLH presentan otros problemas de salud. Por ejemplo, en la población estudiada la frecuencia de trastornos mentales fue de 88% y entre las mujeres lesbianas y bisexuales fue elevada la frecuencia de alcoholismo. Por tanto se requiere que las instituciones gubernamentales amplíen los programas de bienestar y salud dirigidos a BLH.

 

 

11. BIBLIOGRAFÍA

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ANEXO 1. METODOLOGÍA

En el anexo 3 se muestra el cuestionario que fue aplicado a los varones, aunque también se elaboró un formato con redacción adecuada para las mujeres. El cuestionario está dividido en nueve secciones:

I. Información general

VI. Asistencia a lugares de ‘ambiente gay’

II. Sexualidad

VII. Opiniones sobre la sexualidad

III. Discriminación

VIII. Estado de salud

IV. Violencia

IX. Conductas relacionadas con la salud

V. Vínculos interpersonales

 

 

Debido a que muchos individuos LBH tienen conflictos con su orientación sexual, existía el riesgo de que al llenar el cuestionario proporcionan información falsa, por lo cual fue necesario asegurar a los/as encuestados/as que la información que darían sería mantenida en estricta confidencialidad. Para promover que los entrevistados proporcionaran información veraz antes de que llenaran el cuestionario se les especificaba las dos formas en que se mantendría su identidad en anonimato: (1) en el formato del cuestionario no se solicitó ningún dato que permitiera identificar al encuestado (e.g. nombre, dirección completa, teléfono, etc.), y (2) una vez que las personas terminaban de responder el cuestionario lo introducían en una caja donde se revolvía con el resto de los cuestionarios.

 

Variables

A continuación se describen las variables que fueron analizadas en este reporte.

(1) Las características socio-demográficas que se indagaron fueron edad, estado civil y escolaridad (sección I Información general).

(2) Se evaluaron tres aspectos de la orientación sexual: atracción sexual, conducta sexual e identidad sexual (sección II Sexualidad), considerando para ello la propuesta de Klein (1990). A partir de la variable atracción sexual se formaron cuatro grupos: a) homosexuales y lesbianas: atraídos sólo por individuos del mismo sexo, b) bisexuales: atraídos, en distinto grado, por individuos del mismo y del otro sexo, y c) no está seguro. Un esquema similar se utilizó para las prácticas sexuales. Para la identidad sexual se utilizó la siguiente clasificación: a) homosexual o lesbiana: solamente se considera homosexual o lesbiana, b) bisexual-homosexual: se incluyeron las opciones bisexual, pero más homosexual/lesbiana y homosexual/lesbiana principalmente, c) bisexual-heterosexual: bisexual; bisexual, pero más heterosexual; heterosexual principalmente, d) no está seguro.

(3) Se indagó la percepción de los/as encuestados/as respecto a que tanto se percibían como femeninos/as o masculinos/as en la infancia, la adolescencia y en el momento de la aplicación del cuestionario (’actual’). En las preguntas se pedía al sujeto que se comparara con otras personas del mismo sexo y edad (sección V Violencia). Para el análisis estadístico se agruparon las opciones de respuesta de la siguiente forma: a) femenino/a: muy femenino/a, femenino/a y un poco más femenino/a, b) tan femenino/a como masculino/a, y c) masculino/a: un poco más masculino/a, masculino/a, muy masculino/a.

(4) Violencia por trasgresión del estereotipo de género. Se preguntó sí los individuos en su infancia (6 a 11 años) y adolescencia (11 a 17 años) fueron agredidos debido a que trasgredían los estereotipos de género (varones femeninos o mujeres masculinas). Se incluyeron seis pformas de agresión (sección V preguntas 19 y 22).

(5) Violencia por orientación sexual en el último año y en la vida adulta. Para estudiar la violencia por orientación sexual se utilizó el cuestionario desarrollado por Herek (1989, 1992), en el cual se pide al entrevistado que anote el número de veces que ha sido violentado debido a su orientación sexual en el último año y desde que cumplió 18 años (variable denominada ‘adultez’). Se incluyeron 14 formas de violencia (sección V Violencia). Las formas de violencia fueron clasficadas en seis grupos:

a) Violencia verbal: insultos o agresiones verbales y amenazas con violencia.

b) Violencia física: le aventaron algún objeto, escupieron, siguieron o persiguieron, golpearon, pegaron o agredieron físicamente y lastimaron o hirieron con alguna arma.

c) Acoso sexual: lo acosaron sexualmente usando palabras obscenas o sexuales.

d) Agresión sexual: molestaron sexualmente y obligaron a tener relaciones sexuales existiendo penetración.

e) Daño, asalto y robo de propiedades: dañaron o maltrataron algún objeto suyo, asalto y robo.

f) Observó agresión a familiar o conocido.

También se preguntó la frecuencia con la que los entrevistados reportaron las agresiones y la relación que mantenían el entrevistado con las personas que los habían agredido (sección V Violencia, preguntas 15 y 23).

(6) Se redactaron 8 preguntas con las que indagó si los entrevistados, debido a su orientación sexual, se habían enfrentado a discriminación en el trabajo, la escuela, la obtención de vivienda, la escuela y por parte de policías (sección IV Discriminación). Se consideró que existió discriminación en el ‘último año’ cuando los entrevistados marcaron la opción ‘sí, en el último año’. Para obtener una estimación de la frecuencia de discriminación en ‘la vida adulta’ se sumaron las opciones ‘Sí, en el último año’ y ‘Sí, pero no en el último año’.

(7) Asistencia al ghetto. Se indagó la frecuencia con la que los entrevistados asistieron al ghetto comercializado (discotecas, clubes privados de encuentro, bares, cafés, baños de vapor y cines) y no-comercializado (parques, transporte público, sanitario) en el último año (sección VI Asistencia a lugares de “ambiente gay”). En el caso de los lugares que se ubican dentro del ghetto no-comercializado, la condición para que se considerara que los entrevistados asistieron a ellos es que los debieron haber visitado para tener algún tipo de contacto con otros homosexuales (“ligar”), ya que dichos lugares públicos no son exclusivos para homosexuales. En el cuestionario para mujeres sólo se preguntó la asistencia a discotecas, cafés y organizaciones sociales de lesbianas.

Para analizar la información de los varones las distintas formas de ghetto se clasificaron en tres grupos: a) ghetto comercial I: discotecas y bares, b) ghetto comercial II: clubes privados de encuentro, baños de vapor y cines y c) ghetto no-comercial: parques públicos, transporte público y sanitarios de lugares públicos. Se formaron esos dos grupos de ghetto comercializado considerando que en el primero la oferta de esparcimiento es la socialización a través del baile y el consumo de bebidas alcohólicas, mientras que en el otro grupo la oferta está encaminada hacia las relaciones sexuales.

Para el análisis se agrupó la frecuencia de asistencia de la siguiente forma: a) nunca: nunca ha asistido, b) infrecuente: solo asistió una vez y pocas veces al año, c) frecuente: 1 vez al mes, 1 a 3 veces por mes y 1 o más veces por semana.

(8) Para medir la homofobia internalizada se utilizó la escala desarrollada por Martín y Dean (Meyer, 1995; Meyer y Dean, 1998; Herek y col., 1998), la cual se enfoca principalmente en la existencia de insatisfacción con ser homosexual y el deseo de convertirse en heterosexual (sección VII preguntas 1 a 9). Cada pregunta de la escala tiene cinco opciones de respuesta, a las cuales se les dio un valor de 1 (totalmente en desacuerdo) a 5 (totalmente de acuerdo), de tal forma que puntuaciones más altas indican mayor homofobia internalizada. Para agrupar a la población con esta escala se utilizaron terciles de la puntuación obtenida al sumar el valor de cada una de las preguntas formándose tres categorías: a) homofobia internalizada baja: 1 a 9, b) homofobia internalizada media: 10 a 14, y c) homofobia internalizada alta: 15 y más.

Se formularon preguntas para indagar la existencia de culpa por sentimientos, pensamientos o conductas homosexuales/lésbicas, vergüenza por no apegarse a los estereotipos de género y actitudes hacia la trasgresión de los estereotipos de género (preguntas 17, 16 y 14, sección VII Opiniones sobre sexualidad). En el último caso, se consideró que existía actitud negativa hacia la trasgresión del estereotipo de género cuando el/la entrevistado/a respondió afirmativamente en las opciones a, b, c, d y f de la pregunta 14.

(9) Percepción de estigma por orientación sexual. Para valorar el estigma por homosexualidad se adaptaron las preguntas que Link (1987) desarrolló para valorar el estigma por enfermedad mental en pacientes psiquiátricos, este mismo procedimiento fue utilizado por Meyer (1995) y Herek (1998). La escala consiste en 11 preguntas con las cuales se valora la percepción del/la entrevistado/a sobre las reacciones que espera que las demás personas tengan hacia los homosexuales o lesbianas (preguntas 18 a 28, sección VII Opiniones sobre sexualidad). A las opciones de respuesta se les otorgó una puntuación de 1 (totalmente en desacuerdo) a 6 (totalmente de acuerdo), posteriormente se sumaron los valores de cada pregunta y se formaron tres grupos a partir de terciles: a) baja estigma: 1 a 32, b) media: 33 a 40, y c) alta: 41 y más.

Mediante dos preguntas se indagaron las expectativas de los/as entrevistados/as sobre cómo reaccionaría sus familiares y sus compañeros de escuela y trabajo hacia un homosexual o una lesbiana (preguntas 1 y 2, sección Vínculos interpersonales). Se consideró que los entrevistados presentaban estigma cuando respondían que sus conocidos podrían reaccionar con tolerancia o agresión hacia un homosexual o una lesbiana. También se averiguó si tenían miedo de que se conociera su orientación sexual (pregunta 13, sección VII Opiniones sobre sexualidad).

(10) Ocultamiento . En el cuestionario se incluyeron varias preguntas para valorar en que medida los/as entrevistados/as ocultaban su orientación sexual a otras personas, limitaban la expresión de afectos a personas de su mismo sexo o evitaban trasgredir los estereotipos de género.

A través de tres preguntas se averiguó en que medida otras personas conocían la orientación sexual de los/as entrevistados/das, incluyéndose a amigos y conocidos heterosexuales, compañeros de trabajo y escuela y familiares (preguntas 3, 4 y 5, sección III Vínculos interpersonales). Al entrevistado se le pedía que marcara un número en una escala con 10 valores, en la que el cero significaba que nadie conocía su orientación sexual y el nueve que todos la conocía.

Con otros ítem se averiguó si evitaban mostrar afecto a su pareja del mismo sexo frente a personas heterosexuales y si ocultaban su orientación sexual (preguntas 12 y 15, sección VII Opiniones sobre sexualidad). Se redactaron dos preguntas para averiguar si los/as entrevistados/as intentaban no trasgredir los estereotipos de género (preguntas 10 y 11, sección VII Opiniones sobre sexualidad).

(11) Actitud de familia hacia la orientación sexual del entrevistado. Mediante un ítem se indagó cuál era la relación del/la entrevistado/a con sus familiares en relación a su orientación sexual (pregunta 6, sección III Vínculos interpersonales).

(12) Los daños a la salud que se investigaron fueron sido seleccionados por que en investigaciones anteriores se ha observado que son frecuentes en BLH (Dean y col., 2000). Mediante una pregunta se valoró la percepción que tenían los/as entrevistados/as sobre su estado general de salud (pregunta 1, sección VIII Estado de salud). Para el análisis estadístico se formaron dos grupos: a) buena y muy buena, y b) muy mala, mala y regular.

(13) Para evaluar la existencia de ideación e intento de suicidio en el cuestionario se incluyeron las preguntas utilizadas en la Encuesta Nacional de Adicciones (SSA e IMP, 1998) (preguntas 2 y 3, sección VIII Estado de salud).

(14) Para identificar a los individuos que posiblemente presentaban trastornos mentales se empleó la versión validada para población mexicana del Cuestionario General de Salud (CGS) ( Goldberg, 1972; Romero y Medina-Mora, 1987), que consiste en 28 ítem, cada uno con cuatro opciones de respuesta (preguntas 5 a 32, sección VIII Estado de salud). En todas la preguntas las dos primeras opciones de respuesta indican ausencia del síntoma y las dos últimas significan que el síntoma está presente. Para analizar esta escala formas de opresión se utilizó un sistema de puntuación “0-1”, es decir, a las dos primeras opciones de respuesta se les otorgó un valor de 0 y a las dos últimas se les dio un puntaje de 1 ( Goldberg, 1972). Posteriormente se sumaron los puntajes de cada pregunta y se utilizó un punto de corte de 5 / 6, en otras palabras, los individuos con una puntuación total de cinco o menos fueron considerados como normales y los que tuvieron un puntaje total de seis o más fueron calificados como “casos potenciales” de trastornos mentales (Medina y Medina-Mora, 1987).

La Asociación Americana de Psiquiatría define a los trastornos mentales como “síndrome o patrón comportamental o psicológico de significación clínica, que aparece asociado a un malestar (p. ej., dolor), a una discapacidad (p. ej., deterioro en una o más áreas del funcionamiento) o a un riesgo significativamente aumentado de morir o sufrir dolor, discapacidad o pérdida de libertad” (AAP, 1995).

(15) El alcoholismo fue identificado mediante la escala Alcohol Use Disorder Identification Test (AUDIT) , que consiste en 10 preguntas sobre la cantidad y la frecuencia de consumo de alcohol, síntomas de dependencia y problemas relacionados con su consumo (OMS, 1992) (preguntas 1 a 10, sección IX Conductas relacionadas con la salud). En las primeras ocho preguntas de la escala, a las opciones de respuesta se les asignó un valor de 0 (opción a) a 4 (opción e); mientras que en las dos últimas preguntas a las opciones de respuesta se les asignó valores de 0, 2 y 4, respectivamente. Posteriormente se obtuvo la puntuación total de la escala y las personas que tuvieron una puntuación de 8 o más fueron considerados como casos probables de alcoholismo, individuos con puntuaciones inferiores a ese limite fueron clasificados como “normales” (OMS, 1992).

También se construyó una sub-escala sobre consumo de alcohol a partir de la suma de las puntuaciones de las preguntas 1, 2 y 3 de la escala AUDIT (Medina-Mora y col., 1998).

(16) Prácticas sexuales. En el cuestionario de los hombres se incluyeron preguntas para averiguar algunas prácticas sexuales que hubieran realizado en los seis meses previos al llenado del cuestionario (preguntas 11 a 20, sección IX Conductas relacionadas con la salud). Para elaborar las preguntas se consultaron trabajos de investigación realizados por el CONASida (1989, 1994).

En el primer ítem se indagaba sí en los últimos seis meses tuvieron relaciones sexuales con varones, entendiendo como relación sexual al contacto entre pene y boca, pene y ano, o boca y ano. Las siguientes preguntas sólo aplicaban en los individuos que tuvieron relaciones sexuales en los últimos seis meses con varones.

Se indagó si antes o durante las relaciones sexuales consumieron alcohol, para el análisis estadístico se formaron dos grupos a partir de esta variable: a) sin consumo de alcohol: nunca , casi nunca y poco menos de la mitad de las veces, y b) consumo de alcohol: la mitad de las veces, poco más de la mitad de las veces, la mayoría de las veces y siempre.

Se investigó el consumo de drogas distintas al alcohol antes o durante las relaciones sexuales, incluyendo: marihuana, poppers, cocaína, heroína y éxtasis. Se consideró que existió consumo de drogas cuando reportaron el consumo de por lo menos una de las sustancias incluidas en la lista anterior.

Cuando el entrevistado, en los últimos seis meses, fue penetrado por el ano se denominó ‘sexo receptivo’, y cuando el encuestado había penetrado a otros hombres se le llamó ‘sexo insertivo’. Se averiguó el uso de condón cuando tuvieron sexo insertivo o receptivo, clasificándose las respuestas de la siguiente forma: a) nunca, b) alguna vez: casi nunca, poco menos de la mitad de las veces, la mitad de las veces, poco más de la mitad de las veces y la mayoría de las veces, y c) siempre.

La última pregunta sobre prácticas sexuales fue la regularidad con la que consumían semen de otros varones, agrupándose las respuestas de la siguiente manera: a) nunca, b) casi nunca, c) alguna vez, incluyéndose: poco menos de la mitad de las veces, mitad de las veces, poco más de la mitad de las veces, mayoría de las veces y siempre.

 

Análisis estadístico

La epidemiología se basa en la estadística la cual, a su vez, se fundamenta en la probabilidad. En la investigación, cuando se estudia la asociación entre dos variables se utiliza un valor denominado p, este valor es una medición de la probabilidad de que dicha asociación sea falsa. Si el valor de p es igual a uno significa que la asociación estudiada es falsa o que tiene una probabilidad del 100% de ser falsa. Por el contrario cuanto más pequeño sea el valor de p significa que la asociación tiene mayor probabilidad de ser cierta. Por ejemplo, si una asociación tienen un valor de p igual a 0.01, significará que esa asociación tiene una probabilidad del 1% de ser falsa, o de otra forma, una probabilidad del 99% de ser cierta. Por lo regular el valor de p es expresado como decimales y en los cuadros de resultados el valor de p es simbolizado con asteriscos (*, **, ***) y al pie de los mismos se especifica el valor numérico. Para simplificar la lectura de los cuadros, en ocasiones se dice que una asociación fue “estadísticamente significativa”, lo cual quiere decir que el valor de p fue menor a 0.05 o que la asociación tiene menos de 5% de error.

 


 

ANEXO 2. CARACTERÍSTICAS SOCIODEMOGRÁFICAS DE LA POBLACIÓN

En el cuadro 33 se muestran las características sociodemográficas de la población estudiada. La mayoría de los/as encuestados/as tenían de 20 a 29 años, estaban solteros y no contaban con pareja; los niveles educativos que predominaron fueron bachillerato y licenciatura.

 

Cuadro 33. Características sociodemográficas

 

Total

Mujeres

Varones

 

%

%

%

Edad (años)

 

 

 

13 – 19

17

15

18

20 – 24

22

23

22

25 – 29

19

23

17

30 – 39

25

25

26

40 – 50

12

13

12

51 – 70

3

1

5

Sujetos

(504)

(188)

(316)

Estado civil

 

 

 

Soltero, sin pareja

67

55

74

Con pareja

15

18

13

Con pareja y cohabitan

14

19

10

Otros

5

9

3

Sujetos

(503)

(185)

(318)

Escolaridad

 

 

 

Primaria

4

3

4

Secundaria

19

17

20

Bachillerato y nivel técnico

37

41

35

Licenciatura y posgrado

41

40

42

Sujetos

(503)

(185)

(318)

Nota: la cifra entre paréntesis es el número de individuos a partir del cual se estimaron los porcentajes.

Fuente: encuestas aplicadas a asistentes de organizaciones e instituciones de o enfocadas a BLH, Cd. México, 2001.

 

En el cuadro 34 se presenta la distribución de la población de acuerdo a tres indicadores de orientación sexual. La mayoría de la población se sentía atraída sexualmente por individuos de su mismo sexo, en el año previo al llenado del cuestionario tuvieron relaciones sexuales solamente con personas de su mismos sexo y se consideraban a sí mismos como homosexuales o lesbianas.

En el cuadro 35 se presenta la relación de la asistencia a organización de BLH con la homofobia internalizada y los daños a la salud. Se puede observar que en comparación con los individuos que asisten con frecuencia a las organizaciones de BLH, entre los que no asisten con regularidad o no habían asistido fueron más altos los porcentajes de homofobia internalizada, ideación suicida, intento de suicidio y trastornos mentales.

 

Cuadro 34. Orientación sexual definida por atracción sexual, prácticas sexuales y identidad

 

Atracción sexual

 

Prácticas sexuales

 

Identidad

 

Mujeres

Varones

 

Mujeres

Varones

 

Mujeres

Varones

 

%

%

 

%

%

 

%

%

Heterosexual solamente

0

0

 

8

1

 

0

0

Heterosexual principalmente

4

1

 

2

1

 

1

1

Bisexual, pero más heterosexual

5

2

 

3

0

 

5

3

Bisexual

7

2

 

1

1

 

14

3

Bisexual, pero más homosexual

16

15

 

4

4

 

15

10

Homosexual principalmente

12

11

 

2

3

 

17

17

Homosexual solamente

52

69

 

62

81

 

43

65

No está seguro / No tuvo relaciones

4

1

 

18

10

 

4

2

Sujetos

(187)

(317)

 

(186)

(316)

 

(187)

(318)

Nota: la cifra entre paréntesis es el número de individuos a partir del cual se estimaron los porcentajes.

Fuente: encuestas aplicadas a asistentes de organizaciones e instituciones de o enfocadas a BLH, Cd. México, 2001.

 

 

Cuadro 35. Relación de la asistencia a organizaciones de BLH con homofobia internalizada y daños a lasalud

 

Asistencia a organizaciones de BLH

 

No ha asistido

Infrecuente

Frecuente

p

Homofobia internalizada

%

%

%

 

Nivel alto en escala de HI

37

44

27

*

Actitud negativa a TEG

22

19

13

*

Culpa por OS

10

13

11

 

Daños a la salud

 

 

 

 

Salud regular, mala y muy mala

24

24

22

 

Ideación suicida

39

50

33

**

Intento de suicidio

14

23

12

*

Trastornos mentales

22

36

25

*

Alcoholismo

18

25

16

 

1 Las frecuencias son: No ha asistido: nunca ha asistido. Infrecuente: solo asistió una vez y pocas veces al año. Frecuente: 1 vez al mes, 1 a 3 veces por mes y 1 o más veces por semana.

Abreviaturas: HI, homofobia internalizada; TEG, trasgresión del estereotipo de género; OS, orientación sexual.

* p = 0.05, ** p = 0.01.

Fuente: encuestas aplicadas a asistentes de organizaciones e instituciones de o enfocadas a BLH, Cd. México, 2001.

 

 

 


 

 

 

ANEXO 3.

CUESTIONARIO DE AUTO-APLICACIÓN

 

 

 

[13] Por ejemplo, en las publicaciones que circulan dentro del ghetto gay predominan los desnudos de hombres en extremo masculinos o se permite la publicación de mensajes en los que se utilizan términos peyorativos para hacer referencia a hombres femeninos. En los espectáculos (e.g. stripers, pornografía) que se presentan se presenta al estereotipo masculino tradicional como un modelo o ideal a alcanzar..

[14] Una estrategia consiste en pedir a los prestadores de servicios que respondan una encuesta anónima en la que se preguntan los estereotipos que tienen, posteriormente los resultados de la encuesta sirven para que los propios prestadores de servicios discutan y analicen sus prejuicios. Otro ejercicio que sugiere la autora es que los prestadores de servicios se enfrenten a situaciones que simulen el prejuicio al que se enfrentan BLH, por ejemplo que lean una revista dirigida hacia BLH frente de otras personas o vistan algún distintivo de los BLH, con lo cual se pretende que los prestadores de servicios se sensibilicen al prejuicio al que se enfrentan los BLH (Crepeau, 1998).

 


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