| UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA - XOCHIMILCO DEPARTAMENTO DE ATENCIÓN A LA SALUD |
La relación entre opresión y enfermedad en lesbianas, bisexuales y homosexuales de la Ciudad de México
Reporte de investigación
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Luis Ortiz Hernández Ma. de los Ángeles Garduño Andrade Mireya Arellano Quintero Raymundo Cagal Cosme Edith Jasso Martínez Isabel García Torres
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Informes: Luis Ortiz Hernández UAM-X, Área Estado y Servicios de Salud Calz. del Hueso 1100 Colonia Villa Quietud, Coyoacán D.F., 04960 Tels.: 54-83-75-73, 54-83-72-43 E -mail: lortiz@cueyatl.uam.mx
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Los autores agradecemos a las organizaciones e instituciones por su colaboración, sin la cual el proyecto no hubiera sido posible.
AMAC, Acción Humana por la Comunidad A.C.
Ave de México, Compañeros en Ayuda Voluntaria Educativa, A.C.
Café Virreinas
CECASH, Centro de Capacitación y Apoyo Sexológico Humanista, A.C.
CEDART “Frida Kahlo”
Clínica Especializada Condesa para la Prevención y Atención en VIH/SIDA
El Closet de Sor Juana
Fraternidad Gay
Fundación Mexicana para la Lucha contra el SIDA, A.C.
Génesis, Grupo Cristiano Ecuménico
GRUMALE, Grupo de Madres Lesbianas
Hadas
Iglesia de la Comunidad Metropolitana, A.R.
Letra S, Salud, Sexualidad, SIDA
Milk México
Módulo de Atención, Orientación y Quejas Ciudadanas de la Diputada Enoe Uranga
Musas de Metal
Contenido |
1.1 Estereotipos de género, androcentrismo y heterosexismo |
1.2 La identidad y rol de género |
1.3 La socialización del género |
2. Los bisexuales, lesbianas y homosexuales dentro del sistema de géneros |
2.1 La homosexualidad y la trasgresión de los estereotipos de género vistos desde la sociedad |
2.2 Los bisexuales, lesbianas y homosexuales como trasgresores |
3. Formas de opresión hacia bisexuales, lesbianas y homosexuales |
3. 1 Ocultamiento de la homosexualidad |
3.2 Asignar significados negativos a la homosexualidad y a la trasgresión de los estereotipos de género |
3. 3 Violencia |
3. 4 Discriminación |
3. 5 Exclusión a los ghettos |
4. 1 Homofobia internalizada |
4. 2 Percepción del estigma |
4. 3 Ocultamiento |
4. 4 Violencia y opresión internalizada |
7.1 Violencia y enfermedad |
7.2 Opresión internalizada y enfermedad |
7.3 Homofobia internalizada y orientación sexual |
7.4 Relación con la familia y enfermedad |
9.1 Ghettos y prácticas sexuales |
Anexo 3. Cuestionario de auto-aplicación |
El objetivo del estudio fue analizar la relación que existe entre daños a la salud y la opresión a la que están sometidos bisexuales, lesbianas y homosexuales (BLH). Se postula que la opresión de BLH tiene su origen en un conjunto de creencias culturales denominadas ‘sistema de géneros’. El sistema de géneros son normas sociales que definen “cómo deben” de ser y comportase las personas de acuerdo a su sexo biológico. Las normas sociales que dicta el sistema de géneros son: 1) el apego a los estereotipos de género, de acuerdo con esta norma los varones “deben de ser y comportarse” masculinos y las mujeres “deben ser y comportarse” femeninas, 2) el heterosexismo, que es la creencia de que la única forma válida de relación erótica-afectiva es la heterosexual, y 3) el androcentrismo, esta norma dicta que lo masculino es superior a lo femenino.
Los BLH se enfrentan a distintas formas de exclusión, discriminación y violencia debido a que no siguen estas normas sociales en dos aspectos: su orientación sexual y en ocasiones en su rol de género (algunos homosexuales son femeninos y algunas lesbianas son masculinas). Las normas sociales que conforman al sistema de géneros se expresan en cinco formas de opresión hacia BLH: ocultamiento de la homosexualidad, asignar significados negativos a la homosexualidad y a la trasgresión de los estereotipos de género, [1] violencia y discriminación por homofobia y la exclusión a los ghettos.
En un principio estas normas sociales son aprendidas por cada uno de los individuos a través de la educación que reciben sus casas, posteriormente las mismas normas sociales son reafirmadas en otras instancias como las escuelas o en la convivencia cotidiana con otras personas. A pesar de que las normas sociales que conforman al sistema de género son aprendidas, la gran mayoría de las personas considera que son naturales o que son designios divinos.
Los BLH crecen en sociedades regidas por las normas sociales del sistema de géneros, con lo cual aprenden a no valorarse. Para estudiar la incorporación en la mente de los BLH del prejuicio hacia su orientación sexual se pueden utilizar los conceptos de: homofobia internalizada, percepción del estigma por homosexualidad y ocultamiento.
Entre septiembre y noviembre del 2001 se acudió a distintas organización e instituciones que atienden a BLH de la Ciudad de México. Se aplicó un cuestionario a 506 individuos que en distintos grados se sentían sexualmente atraídos por individuos de su mismo sexo. A través de la encuesta, que los mismos entrevistados llenaron, se recopiló información sobre: 1) tres de las cinco formas de opresión: violencia, discriminación y asistencia al ghetto, 2) las tres expresiones de incorporación del prejuicio en la mente de los BLH: homofobia internalizada, percepción del estigma y ocultamiento, y 3) problemas de salud que en otros estudios se ha reportado que son frecuentes en BLH: percepción del estado de salud, ideación e intento de suicidio, trastornos mentales y alcoholismo. En los varones también se indagaron prácticas sexuales y la frecuencia de uso de condón.
Para evaluar el impacto en la salud de la opresión se analizó la asociación que tenían la violencia, la homofobia internalizada, el estigma y el ocultamiento con los padecimientos.
a) Violencia . En la niñez (6-11 años) y la adolescencia (12-17 años) los entrevistados sufrieron distintas formas de violencia por trasgredir los estereotipos de género; las formas más frecuentes fueron: les pedían que cambiaran su forma de ser (30% en niñez y 25% en adolescencia), insultos verbales (30% y 26%, respectivamente), humillaciones y burlas (22% y 18%, respectivamente) y violencia física (8% y 6%, respectivamente).
Se investigó la violencia que los entrevistados habían recibido por su orientación sexual en el año previo al llenado del cuestionario (periodo denominado ‘último año’) y desde que cumplieron 18 años (periodo denominado ‘adultez’). Las formas de agresión más frecuentes fueron: ofensas verbales (32% en el último año y 59% en la vida adulta), acoso sexual (18% y 31%, respectivamente), ‘molestaron sexualmente’ (15% y 25%, respectivamente), [2] asalto (12% y 26%, respectivamente), siguieron o persiguieron (12% y 20%, respectivamente) y las amenazas verbales (11% y 22%, respectivamente). La mayoría de los/as encuestados/as (87%) que habían sufrido alguna agresión nunca la habían denunciado. Las personas que habían sido víctimas de violencia en el último año tuvieron mayor probabilidad de presentar ideación y intento de suicidio, trastornos mentales y alcoholismo.
En los tres periodos en los que se investigó (niñez, adolescencia y un año antes de la encuesta) la violencia, en comparación con las mujeres los varones tuvieron frecuencias más altas de distintas formas de agresión (e.g. violencia verbal, violencia física, acoso sexual y asalto). Además, entre los hombres aquellos que se consideraban femeninos fueron con mayor frecuencia victimas de violencia en comparación con los que se percibían a sí mismos como masculinos; mientras que en las mujeres no existieron diferencias en la frecuencia de violencia entre las mujeres masculinas y las femeninas. Esto parece comprobar que en los hombres es más sancionada la homosexualidad y la trasgresión del estereotipo de género que en las mujeres.
Se les preguntó qué personas los habían agredido. Los individuos que con más frecuencia los encuestados señalaron como agresores fueron los compañeros de escuela (41%), desconocidos (42%), vecinos (28%) y hermanos (21%).
b) Discriminación . Se indagó si debido a su orientación sexual los/as entrevistados/as habían sido discriminados en su trabajo, la obtención de vivienda, la escuela, en otros servicios y por la policía. Las formas más frecuentes de discriminación fueron: detención, extorsión o amenaza de policías (11% en el último año y 30% en la vida adulta), no lo han contratado en un empleo (13% y 21%, respectivamente) y maltrato de empleados de servicios (10% y 19%, respectivamente). La única diferencia entre hombres y mujeres fue que los primeros fueron detenidos, amenazados o extorsionados por policías con mayor frecuencia. El ser discriminado no se relacionó con ningún daño a la salud.
c) Asistencia de los varones al ghetto. Nicolas (1995) distingue dos formas de ghetto: a) el comercializado, que incluye empresas de esparcimiento enfocadas a BLH como discotecas, bares, cines, baños de vapor y clubes de encuentro, y b) el no-comercializado que abarca los lugares públicos que los homosexuales y bisexuales utilizan para tener encuentros de carácter amistoso o sexual pero en los que no media relación comercial como parques, trasporte público y sanitarios públicos. En las mujeres y los hombres que fueron entrevistados las discotecas fueron el lugar más frecuentado, seguidas por los cafés. En los varones, de las formas de ghetto no-comercializado el transporte público fue el sitio más frecuentado para “ligar”.
En los varones se investigó la asociación de la asistencia al ghetto con daños en la salud. Entre los varones homosexuales y bisexuales que acudieron con mayor periodicidad al ghetto no-comercializado fueron más altos los porcentajes de individuos que fueron víctimas de violencia. Los varones que con mayor frecuencia asistían a discotecas y a bares, cantinas o cervecerías tuvieron puntuaciones más altas en la escala de consumo de alcohol.
d) Homofobia internalizada . Los BLH con homofobia internalizada tienen actitudes negativas hacia la homosexualidad y la trasgresión de los estereotipos de género. El 17% de la población entrevistada tuvo actitudes negativas hacia la trasgresión de los estereotipos de género, 38% tenía sentimientos de vergüenza por trasgredir los estereotipos de género y 37% tenían sentimientos de culpa por sus sentimientos y conductas homosexuales.
Tal como se esperaba los BLH con homofobia internalizada tuvieron mayor riesgo de presentar ideación e intento de suicidio, trastornos mentales y alcoholismo. Asimismo, los individuos con homofobia internalizada con mayor frecuencia se sentían atraídos sexualmente por personas de su mismo sexo y se percibían a sí mismos como bisexuales. Este último hallazgo puede indicar que la homofobia internalizada interfiere con la formación de una identidad social a partir de la orientación sexual.
e) Percepción del estigma. Los BLH con estigma por homosexualidad perciben que las demás personas pueden reaccionar de forma negativa debido a su orientación sexual. El 59% de los/las encuestados/as percibían que sus familiares podrían reaccionar negativamente (con tolerancia[3] o agresión) hacia un homosexual o una lesbiana; 79% percibían que sus compañeros de escuela o trabajo podrían reaccionar de manera similar y 46% reportó que tenían miedo de que las personas conocieran su orientación sexual. Entre los BLH con estigma fueron más elevadas las frecuencias de ideación suicida, intento de suicidio, trastornos mentales y percepción de un estado de salud malo, muy malo y regular.
f) Ocultamiento . En el ocultamiento los BLH modifican su apariencia física y sus comportamientos con el fin de invisibilizar su homosexualidad o las expresiones que consideran trasgreden los estereotipos de género. El 42% de los/as encuestados/as refirieron que ocultaba su orientación sexual, 51% trataba de no trasgredir los estereotipos de género frente a heterosexuales, 54% trasgredía el estereotipo de género solamente cuando estaba entre amigos BLH y 54% evitaba mostrar afecto a su pareja del mismo sexo en público. El ocultamiento se asoció con mayor riesgo de presentar ideación suicida, intento de suicidio, trastornos mentales y alcoholismo.
g) Prácticas sexuales en varones . Debido a que la infección por VIH es un de los principales problemas de salud a los que se enfrentan los varones bisexuales y homosexuales, se analizó la relación que tenían las formas de opresión con prácticas sexuales que están asociadas con el riesgo de adquirir la enfermedad (e.g. consumo de alcohol o drogas antes de tener relaciones sexuales, sexo sin condón y consumir semen de otros hombres). El 63% de los entrevistados que tuvieron relaciones sexuales siempre utilizaron condón cuando tuvieron sexo insertivo y 64% siempre lo utilizaron cuando practicaron sexo receptivo. [4]
Los varones que con mayor frecuencia asistían a los ghettos comercializado y no-comercializado con mayor frecuencia consumían alcohol antes o durante las relaciones sexuales y se comían semen de otros hombres. En los hombres que fueron víctimas de violencia fueron más altos los porcentajes de individuos que consumieron alcohol o drogas antes o durantes las relaciones sexuales, tuvieron sexo insertivo o receptivo sin condón y se habían comido el semen de otros varones.
Entre los varones con homofobia internalizada fueron más elevados los porcentajes de individuos que consumieron drogas antes o durante las relaciones sexuales, tuvieron sexo insertivo o receptivo sin condón y consumieron semen de otros varones. En las personas con estigma fue más frecuente el consumo de alcohol antes o durante las relaciones sexuales y el sexo insertivo o receptivo sin condón. No fue tan evidente la relación de las prácticas sexuales de riesgo con el ocultamiento.
h) Frecuencia de daños a la salud . La frecuencia de los daños en la salud investigados fueron: el 23% de los sujetos percibían que su estado de salud era muy malo, malo o regular, 39% reportó ideación suicida, 15% tuvo intento de suicidio, 27% presentaron trastornos mentales y 18% presentó alcoholismo. U n hallazgo alarmante es que la frecuencia de alcoholismo en las mujeres lesbianas y bisexuales encuestadas (21%) fue hasta siete veces mayor a la reportada en otros grupos de mujeres que ha sido de 3.6% a 7% (Medina-Mora, 1998).
En el documento se explican los posibles mecanismos a través de los cuales la violencia, la asistencia a los ghettos y las tres formas de opresión internalizada pueden producir los daños a la salud y las prácticas sexuales que fueron estudiados. También se presentan algunas recomendaciones para contribuir a la solución de la problemática estudiada.
Lo patógeno y lo patológico no es el homoerotismo sino la persecución del homoerotismo
Mario Mieli, Elementos de Crítica Homosexual
Si se considera que la salud mental y física es una necesidad básica para el desarrollo de las potencialidades individuales y la participación significativa de los sujetos en su sociedad (Doyal y Gough, 1992), es necesario, entonces, indagar los condicionantes que impidan satisfacer tal necesidad. Cualquier forma de opresión afecta las potencialidades de los individuos. Una de las formas de opresión es la que deriva del sistema de géneros, la cual afecta principalmente a los individuos y grupos que trasgreden las normas sociales definidas por tal sistema. Por ello es fundamental estudiar la opresión que sufren los BLH y las repercusiones negativas que tiene sobre su integralidad psicológica y física.
La mayoría de los estudios realizados en BLH sobre la relación entre opresión y daños a la salud se han llevado a cabo en países industrializados como Estados Unidos, Europa y Australia (Dean y col., 2000); mientras que en Latinoamérica la preocupación por este tema es reciente. A pesar de que cada vez más académicos y políticos se preocupan por esta problemática, es incipiente el conocimiento que se tiene sobre las condiciones en las que se desenvuelve la vida de BLH. Aunque los resultados de las investigaciones realizados en Norteamérica y Europa deben tomarse en cuenta, es necesario reconocer que las condiciones de Latinoamérica son diferentes por la mayor desigualdad socioeconómica y la mayor rigidez en la asignación y contenido de los estereotipos de género (Carrier, 1976).
En la vida cotidiana los BLH se enfrentan a diferentes formas de violencia, existen pocas organizaciones que atiendan los problemas específicos de esta población y no hay reconocimiento institucional y legal de los distintos arreglos familiares entre individuos del mismo sexo. Las formas más evidentes de violencia van desde los insultos verbales y las agresiones físicas, hasta formas extremas como los asesinatos. La Comisión Ciudadana Contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH, 1999) ha documentado, a partir de una revisión en periódicos, que entre 1995 y 1998 ocurrieron 164 asesinatos contra homosexuales y lesbianas caracterizados por su brutalidad. La misma CCCOH sugiere que por cada caso que ellos han documentado existen por lo menos otros tres. A parte del trabajo de la CCCOH, han existido pocos intentos por documentar las distintas formas de agresión que sufren BLH.
La violencia tampoco ha recibido una atención adecuada por parte de las instituciones gubernamentales. Con este proyecto se pretende contribuir al estudio de los problemas a los que se enfrentan BLH en tanto grupo oprimido, haciendo énfasis en la repercusión que éstos problemas tienen en sus condiciones de salud.
El objetivo general de la investigación fue analizar los efectos de la opresión a la que están sometidas los BLH en los daños en su salud. La estrategia para realizar el estudio fue la elaboración y aplicación de un cuestionario de auto-reporte (anexo 2). Las formas de opresión que fueron indagadas fueron violencia, discriminación y asistencia a los ghettos comercializado y no-comercializado; también se investigó si los entrevistados presentaban homofobia internalizada, percepción del estigma y ocultamiento. Los daños a la salud que se estudiaron fueron percepción del estado de salud, trastornos mentales, ideación e intento de suicidio y alcoholismo, se eligieron estos padecimientos porque en estudios previos se ha observado que son frecuentes en BLH (Dean y col., 2000). En los varones también se investigaron prácticas sexuales asociadas con la infección de VIH ya que está enfermedad es uno de sus principales problemas de salud . Las escalas que se utilizaron para identificar los padecimientos sólo proporcionan diagnósticos presuntivos, es decir, no son juicios clínicos definitivos. En el anexo 1 se describe cómo se preguntaron cada una de estas variables con el cuestionario y la forma en que fueron analizadas. El cuestionario de auto-reporte que se utilizó se incluye en el anexo 3.
Entre septiembre y noviembre del 2001 se aplicó el cuestionario a 506 BLH que acudieron a organizaciones de BLH o instituciones que los atienden y que se ubicaban en la Ciudad de México (ver agradecimiento). La mayoría de los/as encuestados/as tenían de 20 a 29 años (41%), estaban solteros/as y no contaban con pareja (67%); los niveles educativos que predominaron fueron bachillerato, licenciatura y posgrado (78%). La mayoría de los hombres y mujeres estudiados/as se definían a sí mismos como BLH. En el anexo 2 se presenta los cuadros sobre las características sociodemográficas de la población estudiada.
Los resultados de este estudio proporcionan una aproximación a la situación de los individuos que acuden a esas instituciones y organizaciones, por lo que nuestros hallazgos no se pueden aplicar a otras poblaciones, como hombres que tienen sexo con hombres pero que no se identifican a sí mismos como homosexuales o bisexuales. Otra población a la que no pueden extrapolarse los resultados del estudio es a BLH que no acuden a las organizaciones o instituciones en las que se aplicaron los cuestionarios. En este sentido, a partir de datos del cuestionario aplicado se observó que los BLH que acudían con menos frecuencia a organizaciones sociales de BLH tenían porcentajes más altos de homofobia internalizada, ideación suicida, intento de suicidio y trastornos mentales (ver cuadro 35, anexo 2). Esto indica que es muy probable que la gente que no asiste a las organizaciones (y que es la que no fue estudiada en esta investigación) es la que presenta niveles más altos de opresión internalizada y daños a la salud.
Varios autores (Herek, 1992; Martin y Dean, 1990) han reconocido que es prácticamente imposible hacer una muestra representativa de la población de BLH debido a que su orientación sexual está estigmatizada lo que impide que muchos BLH reporten con veracidad su orientación sexual. Reconociendo estas dificultades, lo que se ha recomendado es que cuando se estudien muestras por conveniencia de BLH se trate de seleccionar a individuos con características heterogéneas (Herek, 1992; Martin y Dean, 1990). Esta recomendación fue llevada a cabo en nuestro estudio ya que se acudió a organizaciones de distinta naturaleza en las cuales se esperaba acudieran diversas “sub-poblaciones” de BLH. Por ejemplo, se acudió a un centro educativo, a una clínica de atención a VIH/SIDA y a organizaciones sociales de BHL, es previsible que a cada uno de estos espacios acudan individuos con características heterogéneas en términos de edad, nivel socioeconómico y grado de aceptación de su orientación sexual.
Durante el trabajo de campo algunas/os entrevistadas/os señalaron que el instrumento que se aplicó no incluía a los/as transexuales. En este momento nuestro trabajo de investigación no contempla a esa población, sin embargo, a futuro es necesario realizar esfuerzos para conocer sus problemáticas particulares.
En la primera parte del reporte se presentan algunos apuntes sobre el origen de la opresión de BLH , considerando que el sistema de géneros es su principal determinante. Posteriormente se muestran las frecuencias de violencia, discriminación y de formas de internalización de la opresión observadas en la población estudiada. En otra sección se analiza la relación que existió entre las formas de opresión y los daños en la salud. Dos subcapítulos se centran exclusivamente en los hombres y se refieren a la asistencia a las formas de ghetto y a las prácticas sexuales. En el último apartado se enlistan algunas recomendaciones.
Consideramos que la mayoría de los hallazgos del estudio expresan con datos lo que muchos BLH han reflexionado a partir de sus vivencias cotidianas. En reportes posteriores se presentarán análisis más detallados y se incorporará información que no fue considerada para la elaboración de este reporte. Finalmente, esperamos que nuestro proyecto contribuya a la construcción de una sociedad igualitaria y solidaria.
La premisa fundamental de este trabajo es que los daños a la salud más frecuentes en los BLH son producto del prejuicio que históricamente han enfrentado, el cual tiene su origen en la forma en que las sociedades otorgan determinados significados a las características biológicas sexuales. Es decir, la opresión hacia BLH tiene su origen en el sistema de géneros, que es la forma en que las sociedades simbolizan al cuerpo sexuado y sus usos para articular y ordenar las relaciones sociales.
El sistema de géneros se ubica en el ámbito cultural ya que es un conjunto significados no verbalizados, ni explícitos que son tomados como verdades absolutas por la mayoría de las personas (Lamas, 1999: 96). Si bien el sistema de géneros es un conjunto de creencias, éste también tiene expresiones materiales. Del sistema de géneros se derivan tres valores dominantes que sustentan la opresión de los BLH: el apego a los estereotipos de género, el androcentrismo y el heterosexismo. Los BLH desafían estas tres ideologías dominantes y por ello se enfrentan a distintas formas de sanción y exclusión social.
Hay que distinguir los conceptos de estereotipo de género, identidad de género y rol de género. En el nivel de la sociedad, el sistema de géneros toma forma en los estereotipos de género, los cuáles son creencias, prescripciones, reglas o expectativas –la mayoría de las veces implícitas- que definen lo que significa lo masculino y lo femenino; estos estereotipos son culturalmente definidos y compartidos por la mayor parte de la población.
En los individuos el sistema de géneros se expresa en la identidad género y el rol de género; la primera se refiere a la experiencia subjetiva de pertenencia a uno de los géneros (soyfemenina, soymasculino), el segundo comprende los comportamientos, la vestimenta, las expresiones corporales, las posturas, la presencia, el porte y los gestos (Corona, 1994; Cass, 1984). La identidad de género es el determinante del rol de género ya que la primera delimita la forma en que el individuo se concibe así mismo y a su entorno, y en función de ello el individuo se desenvuelve ante los demás.[5]
La distinción entre estereotipo de género e identidad y rol de género es necesaria para comprender la opresión de BLH ya que cuando la identidad y el rol de género de un individuo se alejan del estereotipo de género es acreedor de distintas formas de diferenciación social, estigmatización, sanción y exclusión. Es decir, los individuos se hacen acreedores de distintas formas de sanción cuando trasgreden los estereotipos de géneros (cuando un varón es femenino o una mujer es masculina).
Los estereotipos de género son el deberser en función del sexo biológico definido por cada una de las sociedades e incluye un conjunto de creencias, expectativas y atribuciones de cómo deben ser hombres y mujeres (Lara-Cantú, 1994). Los estereotipos de género son símbolos que comparte una sociedad. Es preciso subrayar que los estereotipos de género son una construcción social, en el sentido de que las características biológicas de los individuos no determinan el comportamiento de los individuos.
Los estereotipos de género también normatizan y otorgan valor a la sexualidad de los individuos. Se espera que los varones tengan actividad sexual de forma frecuente y con varias personas; la principal recompensa que obtienen los varones de su actividad sexual es prestigio. En cambio, lo deseable en las mujeres es que comiencen a tener relaciones sexuales hasta el momento en que se casen (virginidad), además de que deberán ser fieles (monogamia). Las mujeres que no se apegan a esta normatividad son objeto de diversas formas de señalamiento, rechazo, desvalorización, exclusión y castigo (Bourdieu, 1996; Lagarde, 1996 y 1994).
Dentro de los estereotipos de género también se define que los géneros deben de mantener una relación asimétrica entre sí, siendo lo masculino superior a lo femenino. De esta forma las características, actitudes y los valores (e.g. fuerza, valentía, inteligencia, pasividad, etc.,) considerados masculinos son evaluados de forma positiva y los individuos que los poseen tienen un estatus superior, al tiempo que los símbolos definidos como femeninos son devaluados o por lo menos vinculados con la ambigüedad o la dualidad (e.g. debilidad, cobardía, sensibilidad, actividad, etc.,) (Bourdieu, 1996; Lagarde en Cazés, 1994). La superioridad de lo masculino sobre lo femenino ha sido denominada androcentrismo (Bustos, 1994). El androcentrismo no sólo es la superioridad del hombre sobre la mujer, es sobretodo la ubicación asimétrica de dos símbolos: lo masculino y lo femenino.
Un producto de los estereotipos de género es la reglamentación de los usos del cuerpo en general y la orientación sexual en particular. Esto no quiere decir que los estereotipos de género conforman la orientación sexual de los individuos, sino que los estereotipos de género delimitan la orientación sexual que se considera válida y las que no lo son. Los estereotipos de géneros hacen que se conciba a la heterosexualidad como la única expresión erótica-afectiva válida ya que se dice que existe complementariedad entre los sexos. La supuesta complementariedad se fundamenta en las diferencias biológicas que tienen como fin la reproducción de la especie; además de que tal complementariedad también está dictada por el orden divino (Nicolas, 1995). Así, la heterosexualidad es vista como un “instinto natural” que impulsa a los individuos a relacionarse erótica y afectivamente con los individuos del sexo opuesto (Butler, 1996) y que el fin último de esa relación es la reproducción de la especie humana (Mieli, 1979).
En los estereotipos de género se encuentra el origen del ‘heterosexismo’, el cual es uno de los principales determinantes de la opresión de BLH. Siguiendo a Herek (1998), el heterosexismo puede ser definido como el sistema ideológico que niega, denigra y estigmatiza cualquier forma de conducta, identidad, relación o comunidad diferentes a las heterosexuales. Con la heterosexualidad exclusiva se ha llegado a establecer que la relación entre las personas de sexos distintos es “natural” por estar dirigida a la procreación, con lo cual se condena a cualquier práctica que no encuadre dentro de la relación heterosexual.
Los estereotipos de género son inculcados y reforzados a las personas a través del proceso de socialización y sus productos son la identidad y el rol de género. La identidad es la experiencia subjetiva de pertenencia a un género, mientras que el rol son las conductas derivadas de la identidad. La identidad de género incluye las ideas, las actitudes, los deberes y las prohibiciones o límites de lo que significa pertenecer a un género o al otro (Lagarde, 1994). Se puede decir, entonces, que la identidad y el rol de género son la expresión particular en cada uno de los individuos de los estereotipos de género compartidos por una sociedad.
Los hombres desarrollan la identidad y el rol masculinos mediante tres negaciones que deben probar constantemente: que no es un bebé, que no es una mujer y que no es homosexual (Badinter, 1992; Herek, 1986; Mieli, 1979; Lock y Kleis, 1998). Los varones deben demostrar constantemente que se apegan al rol masculino (o lo que es lo mismo que no son niños, ni mujeres, ni homosexuales), lo que logran exponiéndose a sí mismos al peligro o a condiciones que los lesionan (e.g. alcoholismo, accidentes, violencia, etc) demostrando así su valentía y virilidad, o bien violentando o venciendo a otros para evidenciar su supremacía (Badinter, 1992; Garduño, 2001; Cazés, 1994). Así la autodestrucción y la agresividad son los medios privilegiados para demostrar que se cumple con el rol masculino (Badinter, 1992). De esta forma, en la realización del rol masculino los varones oprimen a otras personas como las mujeres, los niños, los hombres que no se ajusten al estereotipo de género o aquellos que si se apegan a él pero que se ubican en jerarquías inferiores (Lagarde, 1996). La homofobia en los varones sirve como un medio para hacer manifiesto lo que no se es (homosexual), afirmando así lo que se es (masculino) (Herek, 1986).El ideal de cuerpo masculino sirve como un símbolo que denota fuerza y poder, y que se contrapone al ideal del cuerpo femenino (basado en la delgadez extrema) que se asocia con debilidad, pequeñez y fragilidad.
En el caso de las mujeres, el desarrollo de la identidad y el rol femeninos se logra siendo un ser para los otros, un ser de los otros y un ser realizado en los otros, es decir, la feminidad radica fundamentalmente en realizar un papel maternal ya sea como hijas, esposas o madres (Lagarde, 1994). Otra característica del rol femenino en las mujeres es la dependencia ya que por lo regular son confinada al trabajo doméstico con lo cual no tienen acceso a bienes (Lagarde, 1994).
Un individuo aplica los estereotipos de género a los demás y a sí mismo, al tiempo que los demás los aplican al individuo. Por ejemplo, un varón espera que los otros varones sean masculinos y espera de sí mismo un comportamiento masculino; de igual forma los demás esperan que este varón adopte conductas consideradas masculinas. Se trata de una competencia social que se asigna en función de los estereotipos de género, es decir, se espera que individuo sea capaz de desarrollar determinadas capacidades o habilidades por qué nació macho o hembra, al tiempo que el individuo acepta esas expectativas por que también considera que solamente es capaz de desarrollar esas capacidades o habilidades (Bourdieu, 1996:32). Por ejemplo, se espera que un niño sea hábil en los deportes pero que sea incapaz de expresar afectos, y a su vez el niño también cree que él tiene las capacidades suficientes para desempeñarse en los deportes, pero no para expresar sus afectos.
A pesar de que el sistema de géneros es una construcción social, la mayoría de las personas lo experimentan o viven como una condición innata, natural, universal, necesaria y evidente y, por tanto, incuestionable (Bourdieu, 1996). Esto se debe a que los individuos han incorporado, a través de la socialización, los estereotipos de género en sus estructuras cognitivas en forma de identidad y rol de género.
“La socialización se refiere a todas y cada una de las instancias a través de las cuales un sujeto integra e incorpora las consignas y determinaciones de la estructura social en la que interactúa“, a través de ella se logra “transmitir, mantener y perpetuar valores, creencias y actitudes que influyen y en cierto modo determinan el modo de pensar y comportarse de la gente” (Bustos, 1994: 280).
La socialización se inicia cuando los padres reconocen los genitales del hijo/a, a partir de ese momento el/la infante será tratado/a de determinada forma en función de su sexo biológico y se le exigirá o alentará que desarrolle determinadas actividades y le serán prohibidas otras. La vestimenta, las actividades que se realizan, la forma de caminar, el lenguaje, los juegos, las expresiones de afecto, las formas de castigo, etc., todas las esferas de la vida del individuo serán permeadas por el género.
En la niñez y la adolescencia los individuos aprenderán los estereotipos de género y los incorporaran en su subjetividad en la forma de la identidad de género. Conforme se integran a otras esferas sociales distintas a la familia nuclear, las personas serán presionadas para que se ajusten a los estereotipos de género; esa presión provendrá de los miembros de la familia extensa, los vecinos, los profesores, los jefes, los compañeros de la escuela y el trabajo, etc. Pero la socialización no sólo la realizan los individuos, existen otros agentes socializantes (la escuela, el estado, la religión, los centros laborales, los medios masivos de comunicación, la medicina, etc.) que actúan de forma activa en la transmisión y el reforzamiento de los estereotipos de género debido a que están organizados bajo la lógica del sistema de géneros.
Un elemento relacionado con la socialización es la rigidez en rol de género, que es el grado en el cual se evita que un individuo realice actividades que se han estereotipado como propias del sexo opuesto (actividades masculinas en mujeres y actividades femeninas en varones) (Archer, 1984). Se ha observado que a los varones se les exige que desempeñen el rol masculino de forma más rígida ya que constantemente se evita que lleven a cabo actividades percibidas como femeninas, mientras que existe más permisibilidad para que las mujeres realicen actividades consideradas masculinas. En varios estudios se ha reportado que las niñas con más frecuencia se involucran en juegos estereotipados como masculinos, mientras que es menos frecuente que los niños se involucren en juegos concebidos como femeninos. En comparación con las niñas, los niños también perciben con mayor frecuencia los juegos que son “apropiados” para el estereotipo de género; además de que los varones desaprueban más a otros varones que se involucran en actividades juzgadas femeninas que a mujeres que se involucran en actividades masculinas (Archer, 1984).
Hay que distinguir entre los significados que el grueso de la población atribuye a la homosexualidad, de la forma que experimentan la homosexualidad y la trasgresión de los estereotipos de género los BLH; lo primero es sobretodo un proceso cultural, mientras que lo último implica procesos psicológicos y conductuales de los individuos.
La mayoría de las personas equiparan a la homosexualidad con la trasgresión de los estereotipos de género: los homosexuales son pensados como varones femeninos y las lesbianas son concebidas como mujeres masculinas (Carrier, 1976; Risman y Schwartz, 1988; Núñez, 1999; Herek, 1986 y 1992; Badinter, 1992; Hidalgo y Flores, 1992). Este vínculo es reproducido a través del lenguaje popular (sobretodo en los chistes y los albures) y los medios masivos de comunicación (Carrier, 1976). Si bien en la realidad esto no sucede siempre (hay varones homosexuales masculinos y mujeres lesbianas femeninas), la asociación entre homosexualidad y trasgresión de los estereotipos de género funciona como una concepción estereotipo que la mayoría de las personas aprende y aplica constantemente.
Una explicación que se ha dado a este vínculo simbólico entre homosexualidad y trasgresión del estereotipo de género es que con ello se “acomoda” a la homosexualidad dentro del esquema dicotómico definido por el sistema de géneros y que está implícito en las relaciones heterosexuales: si un hombre entabla una relación erótico-afectiva con otro hombre, entonces uno de ellos tendrá que adoptar un rol femenino y el otro asumirá el rol masculino, la misma lógica se aplicaría en el caso de las mujeres (Risman y Schwartz, 1988).
Una característica de esta concepción que equipara homosexualidad con trasgresión de los estereotipos de género es su carácter peyorativo o negativo. La valoración negativa del vínculo homosexualidad - trasgresión de los estereotipos de género es más marcada cuando se trata del binomio homosexual–hombre femenino, que del binomio lesbiana–mujer masculina (Carrier, 1989). En los medios masivos de comunicación es frecuente observar escenas en las que se humilla, ridiculiza y agrede a un varón femenino que implícitamente es homosexual, pero no es común ver en la misma situación a una mujer masculina.[6] Entre los varones existen juegos y señas con connotaciones sexuales en los que está implícito que el varón que es penetrado adopta un rol pasivo (femenino) y es homosexual, juegos similares no existen entre mujeres.
Los mismos BLH aprenden está relación entre homosexualidad y trasgresión de los estereotipos de género, lo que crea en ellos una identidad contradictoria: no es infrecuente que homosexuales y lesbianas menosprecien a varones femeninos y mujeres masculinas.
Los BLH trasgreden el sistema de géneros en dos esferas: por un lado, los BLH al relacionarse erótica y afectivamente con individuos de su mismo sexo contravienen la heterosexualidad exclusiva dictada por el sistema de géneros; por otro lado, muchos de ellos son varones femeninos o mujeres masculinas o andróginos con lo cual sus cuerpos y sus comportamientos no están delimitados en función de los estereotipos de género. La primera forma de trasgresión se da en su identidad sexual (u orientación sexual), mientras que la otra se da en su identidad y rol de género. Otro motivo por el que la homosexualidad es concebida como una trasgresión al sistema de género es que implica relaciones que están enfocadas al placer y no a la procreación (Badinter, 1992; Núñez, 1999).
La gravedad de las dos formas de trasgresión al sistema de géneros es distinta entre los sexos, siendo más penada en los hombres. Las razones por las que la homosexualidad en los varones es más sancionada que la homosexualidad en las mujeres pueden ser:
(1) Una mujer alcanza la identidad femenina siendo un ser para los otros, un ser de los otros y un ser realizado en los otros, es decir, la feminidad radica en realizar un papel maternal (Lagarde, 1994); mientras que un hombre alcanza la masculinidad mediante tres negaciones básicas que debe probar constantemente: que no es una mujer, que no es un bebé y que no es homosexual (Badinter, 1992). De esta forma, aunque la homosexualidad en varones y mujeres contraviene la heterosexualidad exclusiva establecida por el sistema de géneros, en los primeros la homosexualidad entre en contradicción directa con uno de los ideales de la masculinidad.
Es importante subrayar que en el corazón de la identidad masculina se encuentra la homofobia (Badinter, 1992; Herek, 1986), lo que explica el hecho de que los hombres heterosexuales tienen reacciones más negativas que las mujeres heterosexuales hacia los homosexuales y lesbianas, especialmente hacia los primeros (Herek, 1986, 1992).
(2) Cuando una mujer es masculina, como en muchas lesbianas sucede, adopta valores y conductas que socialmente son valorados, tales como la independencia. Por el contrario, algunos homosexuales son femeninos y existe la creencia de que todos los homosexuales son femeninos, es decir, los varones homosexuales adoptan (simbólica o efectivamente) un rasgo (la feminidad) que desde la óptica androcentrista es inferior y denigrante (Hidalgo y Flores, 1992).
(3) La relación lésbica es invisibilizada y las muestras de afecto entre mujeres no son vistas como una trasgresión al sistema de géneros. Al respecto, Nicolas (1995: 31) señala que “el discurso social que domina en la sexualidad, que es esencialmente un discurso de hombres sobre la sexualidad de los hombres, tiende en general a negar la sexualidad femenina y, como consecuencia de ello, a considerar el lesbianismo como algo carente de importancia en el plano social, al tiempo que la homosexualidad masculina se presenta como un peligro para la familia”.
[1] La ‘trasgresión de los estereotipos de género’ hace referencia a cuando un hombre tiene rasgos femeninos o una mujer presenta características masculinas.
[2] Incluye besos, caricias y manoseo.
[3] La tolerancia es definida como “respeto y consideración hacia las opiniones o acciones de los demás, aunque repugnen a las nuestras”. De esta forma, cuando un individuo sabe que otras personas lo toleran, aunque no reciba agresiones de ellas, es consciente de que lo evalúan de forma negativa por alguna característica que tiene. El acto de tolerar, entonces, implica una forma de ejercer poder toda vez que implica que una opción es considerada como válida, mientras que la otra (la tolerada) es evaluada en términos negativos o de inferioridad.
[4] El ‘sexo insertivo’ se refiere a cuando el entrevistado penetró por al ano a otro hombre, el ‘sexo receptivo’ es cuando el entrevistado fue penetrado por otro varón.
[5] En la Psicología la identidad es definida como un conjunto de percepciones y sentimientos asociados a esas percepciones que un individuo tiene con respecto a una categoría social, es una síntesis que el individuo hace de sus propias auto-percepciones y las percepciones que tienen otros (Cass, 1984).
[6] Algunos ejemplos de esta situación pueden encontrarse en la columna “Tiro al Blanco”, del suplemento Letra S, periódico La Jornada, Junio 3 de 1999.