Familias venidas del ropero en psicoterapia

 

Pablo Gagliesi

Médico psiquiatra

Arenales 3891 piso 6

Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1425)

4832 2498

pablogagliesi@fibertel.com.ar

 

 

Resumen:

 

El presente artículo aborda los nuevos cambios sociales en torno a la familia que nos plantean en psicoterapia las comunidades GLTTBI. Buscando entregar distintos elementos científicos de argumentación y reflexión para hacer de nuestra labor clínica un espacio de contribución y soporte con las denominadas familias venidas del ropero.

La pregunta que recorre este texto es: Qué nos dicen los padres y madres gays y lesbianas sobre los modos de relación y configuración que proponen. Y cómo debemos los terapeutas responder a ellos.

Revisaremos -críticamente- la conceptualización de familia en la historia, el valor binomial de los géneros y los roles ineludibles en la familia patriarcal. Junto con analizar la argumentación que gira alrededor de las familias homoparentales.

 

 

Palabras claves:

Familia - homosexualidad – estudios gays y lésbicos – estudios sobre género - parentalidad – adopción – co-parentalidad – homoparentalidad – psicoterapia.

 

 

Existe alguien muy importante en mi familia, con ella conviví desde que era muy niño. Fue la persona con quien justamente decidí hacer mi coming out of the closet. Me refiero a mi abuela materna.

Mi desafío fue declararlo en aquel momento, mejor tarde que nunca. Ella, que a duras y oscilantes penas sabía quién era su nieto, me contestó sonriente: “Está bien, está bien, pero ¿Y los hijos?”

 

 

Marcelo y Adriana tienen dos hijos, Jordán de 9 años y Anita de 6. Se han separado hace 4 años porque Marcelo hizo su coming out gay, tal hecho Adriana reconoce no sorprenderle. Su divorcio fue de mutuo acuerdo y de algún modo en buenos términos.

 

Marcelo es derivado a psicoterapia por una colega que estaba entrevistándolo por  su hijo Jordán.

La maestra de Jordán les sugirió a sus padres realizar una consulta por problemas de retraimiento, atención e irritabilidad.

 

La admisión a la que concurren para solicitar el tratamiento de Jordán concluyó en un par de entrevistas de orientación para padres. En dichos encuentros Adriana se mostraba comprensiva y colaboradora, mientras que Marcelo algo retraído y deprimido.

 

Ella sostenía que los problemas de Jordán podrían vincularse con las dificultades que tenía Marcelo con el niño. Marcelo asentía y aseguraba no tener aptitudes paternales, intentaba hacerse responsable de la situación pero evitaba estar con ellos por sentirse incómodo.

 

Fue entonces que la profesional encargada de admisión decidió derivar a Marcelo para psicoterapia y, así llega a mi consulta.

 

Marcelo tiene 35 años, es músico y lleva tres años en pareja con Iván, con quien además comparte profesión. Si bien el acuerdo de convivencia es muy poco preciso –Marcelo teme al compromiso, no comparten el dormitorio cuando los niños están en casa-, Iván se muestra muy comprometido con el cuidado de ellos.

 

Revisemos un pequeño fragmento de la primera entrevista:

 

Marcelo: Desde que me separé, no me siento bien. Tengo muchos sentimientos de culpa. Siento que no soy un buen padre, en principio porque no puedo darles una familia a mis hijos.

 

Terapeuta: ¿Por qué no puedes darles una familia?

 

Marcelo: Siento, a veces que debería haber seguido con Adriana para proporcionarles una familia. Y ahora no tengo nada.

 

Terapeuta: Marcelo, ¿Vos, los niños e Iván no son acaso una familia? ¿Qué es una familia?

 

Esta palabra parece eterna, y en boca – y en el puño – de algunos tiene una consistencia radical y vigorosa. Y como todo lo que es adjetivado de ese modo se vuelve indiscutible y perenne. ¿Cómo cuestionar algo que parece piedra fundamental para la existencia de nuestra sociedad? 

 

Sin embargo, es sorprendente descubrir, a través de numerosos estudios de  antropólogos que han investigado otras culturas[i] y de los historiadores del lenguaje, que esa linda idea de “familia”, ha sido mucho más inestable y desordenada de lo que suponemos.

 

Releyendo Palabras Claves de Raymond Williams[1] se puede observar que la especialización de este término para aludir al pequeño grupo de parentesco que vive en una sola casa puede relacionarse con el ascenso de lo que hoy se denomina la familia burguesa. Su sentido estricto, como lo conocemos hoy, quedará establecido recién en el siglo diecinueve, donde la familia aislada como una unidad económica operativa se establece con el desarrollo del capitalismo. Así la solidificación de la idea de familia más allá del linaje –y la consanguinidad-,  o de la concepción de hogar  -y la convivencia, que por ejemplo incluía a la servidumbre-, ocurre tardíamente en la historia de la humanidad, o al menos, de la humanidad judeocristiana. Es entonces donde deviene una forma de relación social y de organización de clases, más que piedra angular.

 

Restos y rudimentos de estas formas se observan en el uso de palabras como hermano o hermana por parte de personas unidas por un vínculo de interés común o solidario -un sindicato, el ejercicio de un arte, la pertenencia a una misma región geográfica- o familia como los pertenecientes a un credo religioso o incluso a un medio de producción como una fábrica o empresa.

 

Se podría, arriesgadamente por cierto, fechar el cuño del término familia en su uso contemporáneo en la misma época en la que se inventa la novela como forma literaria.

 

En una entrevista realizada a Derrida por Roudinesco, responde:

“¿A qué se llama familia? Yo no diría sin titubear que la familia es eterna. Lo que es inalterable, lo que seguirá atravesando la Historia, es que haya un lazo social organizado en torno de la procreación.” (...) ”Yo no hablaría de una “eternidad” de cualquier modelo familiar sino de una trans-historicidad del lazo familiar. Y el modelo al que Freud –con tantos otros- se refiere es solamente el de una secuencia. Muy larga y muy corta porque, bien lo vemos, fue instituída, y llegará el momento, en que será, si no destituida, por lo menos endiabladamente complicada. Ya, y desde hace mucho tiempo, está terriblemente sobredeterminada.”[2]

 

Quiero contarles aquí dos pequeñas historias para describir ficcionalmente el mundo en que vivimos:

 

Supongamos un pequeño -y para nada original experimento- un maestro o maestra de escuela pregunta qué es una familia frente a un pequeño auditorio de alumnos de 10 años. Se observará, inevitablemente, la presentación de fórmulas como papá-mamá-hijos. Pronto, esta fórmula arquetípica implosionará ya que el mismo auditorio testimonia organizaciones diferentes, despacio y saliendo del ropero, la estadística de otras fórmulas aparece. Primero ligeramente distinta y desde allí a lo audazmente diferente, digo audaz, si el niño o niña encuentra el espacio para decirlo[ii] [3]

 

Un segundo ejemplo es el siguiente:

 

Un conocido político inició su conferencia dirigiéndose a las familias porteñas.  Usted cree saber quién es. Pues seguro que se equivoca, lo dejaré con la intriga, pero recuerde que estos gafes son muy del progresismo también. Me pregunté qué efectos tiene hablar a una población que estadísticamente no está ordenada en familias estándares. Y me acordé de todos aquellos que en mi consultorio sufren por no tenerla. Como si tener esa familia fuera, en definitiva, un certificado de bienaventuranza. Entonces cauteloso reconocí, cómo ciertos discursos alientan la tristeza.

 

Y sin duda que estas dos pequeñas historias, justifican la tristeza de Marcelo. Ambas diseminan la siguiente idea:

Para pensar la familia, por ahora, es vital lo biológico   -y más precisamente el cuerpo- como fundamento del parentesco y la adecuación entre pareja parental y pareja conyugal en forma de alianza.

 

Marcela Iacub se pregunta si el niño o niña nace siempre de la combinación de lo femenino y lo masculino  ¨ ¿qué valor debe darse a tal fusión corporal? ¿Debemos reducir la filiación a su elemento biológico, como si engendrar bastase para transformar por arte de magia al progenitor en padre?¨.[4]

 

La mayoría de las nuevas configuraciones provocan dificultades en la vida de las personas porque hay una tendencia a ficcionarlas con la fórmula anterior.

 

En los diferentes formatos la nomenclatura de parentesco (madre/padre) obtura, limita, engendra simulación. Actualmente se suele preferir términos como cuidadores primarios, que parecen más liberados de los regímenes de los géneros.

 

Un ejemplo de lo anterior es “la madre adoptiva” que sigue siendo un simulacro de madre, en algún sentido, una ficción incompleta de la madre biológica.

 

La validación otorgada por la sociedad y el Estado a través de sus leyes, como por ejemplo el apellido otorgado patri-linealmente y, el traspaso de capitales en la forma de la herencia siguen siendo regulaciones atadas a la fórmula a la que nos referimos.

 

Como se observa seguimos teniendo un modelo básico en el que se supone que sexualidad, procreación y filiación deben coincidir con dos personas de diferentes sexos.

 

Así es que la sociedad sigue aplicando closets y discriminando a las familias no tradicionales – basta observar el comportamiento de los institutos religiosos al respecto - . En este sistema de ocultamiento y de denigración legal se someten a la gran mayoría de las familias contemporáneas, y principalmente a sus hijas e hijos, porque las normativas aparecen como parches, textos adjuntos, que siguen emulando la familia tradicional como el libro de las narraciones originales, de las que todo lo demás no será mas que copia, inexacta, desprestigiada, defectuosa.

 

Es importante destacar que esta ausencia de validación tiene efectos perdurables en el devenir familiar y subjetivo de las personas, como reconocemos en los comentarios solidarios a las mujeres que deciden engendrar “solas” señalando su valor de independencia y autonomía.

 

La familia adoptiva, por ejemplo, es una configuración familiar relativamente joven, tal como la conocemos ahora,  en donde la filiación de origen “natural” es sustituida por una filiación diferente. El Estado se atribuye aquí poderes extraordinarios para normalizar dicha adopción donde se prioriza a parejas, legalmente casadas y obviamente heterosexuales – repitiendo la narrativa dominante, asegurándonos engañosamente, que el Estado o la Iglesia son los mejores protectores disponibles.

 

La adopción, la inseminación artificial y otras tecnologías que nos permiten ejercer el derecho a tener o a no tener descendencia atentan directamente sobre las fórmulas arquetípicas, y por lo tanto, incomodan. Y, al mismo tiempo deconstruyen cierta idea de selección natural o de intervención del destino en la fertilidad.

 

En este sentido la siguiente cita de Mehl abre un sin número de posibilidades: ¨Procrear a toda costa o despedirse del deseo de tener un hijo. Recurrir a los mil artificios de la técnica para eludir la esterilidad, o bien optar por la adopción. Aceptar o rechazar la disociación entre sexualidad y reproducción. Dar prioridad a la pareja tradicional o autorizar el acceso a la procreación asistida en otros casos menos convencionales. Recurrir a terceros donantes de gametos o garantizar el vínculo biológico entre padres e hijos. Conceder mayor valor a la filiación genética o a la filiación social. Optar por el anonimato de los donantes de esperma u óvulos, o preferir que se desvele el secreto desde el comienzo.

Considerar el embrión como un “grumo de células” o dotarlo de humanidad. Contemplarlo en su estado actual o en su desarrollo futuro. Congelarlo, donarlo, estudiarlo, someterlo a experimentos, destruirlo o dejarlo en paz. […] Modificar el patrimonio genético de una persona en potencia o prohibir todo desvío del curso de la naturaleza ¨.[5]

 

No hay más misterios ni secretos. Y cuando decimos que un niño o una niña necesitan de un padre y una madre ¿A qué nos referimos exactamente? ¿A qué tipo de relación paterna y materna aludimos? ¿Sólo pensamos en el niño o niña? ¿O proyectamos sobre él un tipo de relación hombre-mujer profundamente arraigado en nuestra conciencia cultural?

 

Los padres y madres gays y lesbianas ¿Qué nos dicen sobre las reacciones de dicho entorno, qué nos revelan sobre la consideración que recibe la revolución silenciosa de las relaciones humanas que ellos proponen?.

 

Como señala Silvia Bleichmar: “Porque el deseo de hijo no tiene fin práctico ni otra función más que aquella de evitar que los seres humanos mueran de amor propio, intoxicados por su propia libido tornada hacia sí mismos.”

“De ahí que todos los seres humanos tengan, en principio, derecho a la progenitura; no a la maternidad o a la paternidad, sino a la descendencia. Y bajo el sólo rubro de seres humanos, lanzados a la búsqueda del trasvasamiento de su narcisismo, del pasaje del amor a sí mismos hacia otro ser que se constituye en el depositario de su sueños fallidos.”[6]

 

 

La familia venida del ropero

 

Marcelo: Me cuesta hablar de esto. Pero creo que hay algo malo en mí, que podría dañarlos.

 

Terapeuta: ¿Por qué?

 

Marcelo: Siento que debería llevar a Jordán a jugar al fútbol, por ejemplo.

 

Terapeuta: ¿Jordán quiere jugar al fútbol?

 

Marcelo: Adriana sugiere que debería hacer algún deporte y que yo debo encargarme de eso. Nunca me gustaron los deportes. Me parece, creo que a Jordán tampoco. Los otros días Iván estaba haciendo música y se puso a bailar y lo reté mal, a los gritos. Anita se largó a llorar  y todo se convirtió en un cementerio.

 

Terapeuta: No a todos los padres y a sus hijos les gustan los deportes. Es más pueden no compartir los gustos.

 

Marcelo: La verdad es que lo que temo es que termine siendo como yo, homosexual.

 

Terapeuta: ¿te parece que si jugara al fútbol tendría garantizado su heterosexualidad?

 

Marcelo: No es un buen sistema de clasificación, ahora que lo pienso.

 

Terapeuta: Por ahí esto tiene que ver con muchas cosas juntas. Este tema es como un nudo de autopista, me parece que deberíamos explorar las distintas direcciones hacia donde nos lleva, aparentemente uno de los caminos nos lleva al tema de tu relación con tu gaydad.

 

Marcelo: Creo que yo no termino de bancarme esto de ser gay, ¿Sabés?. En el fondo creo que no creo que sea bueno para él que su padre sea gay.

 

Terapeuta: Vos no creés que sea bueno ni para vos. Quizás lo importante no es que seas gay sino cómo vivís esto que sos. Esto es una tremenda lección para ambos. ¿No quisieras ser un ejemplo de valentía, que digan: Mirá el viejo qué cosas hizo con sus dificultades, las enfrentó, lidió con ellas?

 

Marcelo no está solo, si bien no hay estadísticas en la Argentina podemos recordar que sólo en los Estados Unidos cerca de 9 millones de niños tienen padres o madres gays o lesbianas.[7] Obtener estos datos sobre este grupo poblacional siempre ha sido difícil debido al estigma y el anonimato en el que todos y todas deben aún vivir. Algunos indicios de organización social aparecen espontáneamente, un grupo de mujeres lesbianas suele reunirse esporádicamente en una asociación civil y he recibido referencias de algunos grupos de varones que suelen encontrarse por Chat y en un café de la ciudad.

 

Dentro de las transformaciones ocurridas en los tiempos del Sida,  como a algunos sociólogos les gusta llamar los ochenta-noventa, el número, o al menos la visibilidad de las parejas gays ha ido en aumento -con o sin leyes de matrimonio-. Según una investigación realizada en Francia citada por Cadoret, en esas parejas con contratos complejos implícitos o explícitos, el 11% de las lesbianas tiene hijos y el 7% de los gays, mientras que el 45% y el 36% respectivamente desean tener hijos[8].

 

La visibilidad y la creciente -aunque aún escasa-  legitimidad  de la pareja gay-lésbica está posibilitando  el derecho inalienable a la progenitura.

 

La familia gay con hijos podría configurarse a través de cuatro fórmulas:

 

1 Una o uno, o ambas o ambos dos, pueden tener hijos de una relación heterosexual previa. Esto puede suceder con o sin una pareja consolidada. Este es el caso de Marcelo, que establece una nueva relación y tiene hijos de su anterior matrimonio. 

 

2 El sistema de co-paternidad donde gays y otra mujer lesbiana o heterosexual, solos o en pareja se ponen de acuerdo para tener un hijo que se criará entre las dos unidades familiares. En la co-paternidad, la pareja parental y conyugal no coinciden nunca y, desde el principio de la vida familiar, se determina la disposición de ambas. Según Anne Cadoret las mujeres se plantean la concepción gracias a la inseminación artificial con donante desconocido, como opción preferida (36% de los casos), el recurso a una madre de alquiler está poco extendido entre los hombres (10%), aunque estos datos aportados por la APGL (Asociación de padres gays y lesbianas de Francia) sostienen la hipótesis de que si las madres de alquiler –o madres por cuenta ajena, como se propone denominarlas- estuviesen autorizadas, muchos más hombres solicitarían ser padres.”[9]

Tal disposición responde a un esquema cruzado cuando las mujeres de la pareja lesbiana eligen cada una a un padre de la misma pareja gay; así, A’ y A’’ de  la pareja lesbiana A llegan a un acuerdo con B’ y B’’ de la pareja gay B; A’ y B’ pasan a ser la madre y el padre de un mismo hijo, A” y B” la madre y padre de otro hijo. La disposición puede definirse también como un encadenamiento entre múltiples parejas conyugales. Si tomamos las mismas parejas conyugales de base (A’, A’’, y B’,B’’), debemos añadir a una y/o a la otra un personaje perteneciente a una tercera pareja: A’ está vinculada como madre a B’, pero su compañera A” elige como padre a C’, con una madre de la pareja D. Los padres y madres elegirán diferentes soluciones para la creación de una familia, en función de su historia familiar inicial y de sus aspiraciones vitales.

En las entrevistas realizadas por Cadoret, observa con cierto vértigo las nuevas configuraciones y se pregunta nuevas dificultades que aparecen en estas nuevas familias: “¿Cómo introducir, certificar y perennizar la presencia de la compañera de la madre y compañero del padre? ¿Quién debería pronunciarse en el ejercicio de la patria potestad, y quién podría intervenir también en la cuestión de la transmisión de bienes?”.[10] Y más adelante aclara “El status de parentesco, marco simbólico de inscripción en un linaje, puede garantizarse tanto en una familia heteroparental como en una homoparental. Sin embargo, esta última, sea cual sea el modo de filiación elegido, proclama voluntaria o involuntariamente su inscripción en un sistema de multiparentesco, es decir, en el reconocimiento de vínculos sociales necesarios para la edificación del parentesco.”[11]

Esta modalidad se encuentra en plena expansión. Varias asociaciones de gays y lesbianas en Europa y en los Estados Unidos proveen de sostén jurídico y afectivo a los padres y madres. Incluso las publicaciones y páginas de Internet de la comunidad GLTTBI en Argentina y Latinoamérica ya contienen avisos para encuentros entre gays y lesbianas que desean procrear.

 

3 Otra posibilidad es mediante la adopción de uno de los integrantes de la pareja o un gay soltero –me refiero a alguien sin una pareja gay- que decide adoptar. La adopción por parejas del mismo sexo no es posible –todavía- en la Argentina[iii].

Aquí la mayoría de los especialistas legales sobre el tema sugieren que uno de los padres o madres adopte como solteros o solteras. Esto resulta endemoniadamente complejo por la situación de asimetría legal que provoca, donde uno de los padres o madres no tendría derechos legales sobre los hijos, aunque hayan sido criados y educados por ellos o ellas.

 

Si bien no es un ejemplo exacto quiero señalar un fragmento de sesión de Marcelo:

 

Terapeuta: ¿Cómo es la relación de Iván con los chicos?

 

Marcelo: Muy buena. El jamás se aburre con ellos. Les enseña algo de música y pueden pasarse horas con eso. Él da clases en un colegio primario, debe ser eso. Por un lado me incomoda, sentía que estaba mal que un amigo de papá esté siempre en la casa. Al comienzo de la relación cuando los chicos dormían en casa él se iba a lo de una amiga en común, con los instrumentos y todo.

No se cómo se la banca. Otras veces me da envidia que se lleve bien. Mis padres no ven con buenos ojos que él esté. La última vez que hablamos me dijeron que yo haga lo que quiera con mi vida pero que no los mezcle a ellos. A veces pienso que las dos partes son mi vida. Otras quisiera que los chicos no vengan para no tener que correr con Iván para acomodar la cama, sacar las fotos y esas cosas. Después me avergüenzo porque es como si no los quisiera. A Adriana no se..., me aclaró que no los deje solos con él. Y ahora me planteó que quisiera charlar de eso. Yo estoy con temor de que me pida que no los vea con él. Si ella supiera que me ayuda mucho saber que él va a estar cuando vienen... Me prohibió que hable del tema con los chicos, pero yo sería incapaz de hablar del tema con ellos.

 

Terapeuta: ¿Adriana tiene pareja?

 

Marcelo: No, desde que nos separamos nunca tuvo una pareja estable. Mucho no me cuenta. Ella lo conoce a Iván, sabe quién es porque es amigo de una pareja conocida. Quisiera que ella tenga a alguien en su vida además de nosotros.

 

Terapeuta: ¿Nosotros?

 

En otra sesión relata lo siguiente:

 

Marcelo: Hace unos días Iván me dijo que había tenido un sueño, una pesadilla dijo en realidad, yo me iba de casa. Y que despertó asustado.  Que en el sueño en lugar de llorar por la separación, él lloraba porque no podía ver a los chicos. Que era como en el castillo de Kafka, quería llegar a verlos pero el camino se hacía imposible.

 

En estos fragmentos aparecen las dificultades que atraviesan los vínculos en su ensamblaje tanto  hétero u homoparental, pero es importante recordar que no hay figuras legales que puedan ayudar a solidificar estos vínculos y protegerlos. Iván tiene un sueño verosímil.

 

4 La última posibilidad se refiere al nacimiento de un hijo por técnicas de Inseminación artificial o asistida con donante o con madre gestante de alquiler (el óvulo puede ser de una donante y la madre gestante otra, o una mujer que comparte ambas funciones) sin régimen de co-paternidad.

 

Y para noticia de todos y todas, estas fórmulas son puestas en práctica en el mundo, salvo la adopción legal que en varios países incluido el nuestro restringe la adopción a parejas del mismo género. Veremos más adelante cómo las dificultades actuales en definir sexo y género diseminan una brutal confusión legal.

Como dice Anne Cadoret: “La dificultad de elaboración y legitimación de la última figura familiar surgida, la familia homosexual, revela el núcleo esencial de nuestro sistema de parentesco: el cuerpo.”[12]

 

Ahora bien, ante la evidencia de la existencia de la familia gay, numerosos investigadores han pretendido lo que nadie ha intentado en las parejas heterosexuales: Recavar información sobre su viabilidad y su salud mental. Aún no puedo dejar de sorprenderme cómo los especialistas, muchos de ellos bien intencionados –o al menos sus mentores– desean investigar la diversidad de las familias gay-lésbicas y el estado de salud mental de sus miembros, como si sometiéramos a todo el mundo que tiene bebés a semejante objetivación.

 

Pero veamos cómo los trabajos de investigación que determinan que las preocupaciones que tienen los padres y madres gays y lesbianas, parecen no diferenciarse de aquellas de los heterosexuales. En general –por suerte- los cuidadores primarios se preocupan y ocupan de las responsabilidades de la crianza, las finanzas, la educación y la salud.

 

Las parejas homomaternoparentales deben lidiar con otros desafíos que incluyen soportar el sufrimiento emocional y las restricciones que son impuestas por las regulaciones heteronormativas y discriminatorias -lo que no es ninguna novedad a esta altura del presente texto- debemos prepararnos para asistir a nuevas dificultades, como la de las parejas lesbianas que quieren tener hijos y deben afrontar la diferencia entre maternidad biológica y social. Deben decidir cuál de las dos intentará quedarse embarazada[13]. Y los reglamentos de co-paternidad sumado a todo un nuevo discurso sobre el cuerpo y la maternopaternidad.

 

Sin embargo, debemos reconocer como antecedente ineludible de la realidad, muchos y muchas gays y lesbianas -cada vez en mayor número- deciden ser padres y madres.

 

Históricamente siempre han tenido dificultades en la adopción, o se les ha negado la custodia de sus hijos o los derechos de visita cuando se han divorciado de sus parejas heterosexuales. Las justificaciones legales y creencias sociales presumen y predican que los niños y niñas sufrirán por la estigmatización, tendrán un desarrollo anormal psicosexual y devendrán con problemas emocionales.

 

Durante los últimos veinte años muchos investigadores han tratado de determinar si hay sostén empírico para dichas creencias. Por ello, las indagaciones se han concentrado en cuatro áreas:

 

1- Actitudes paternales, conducta y personalidad de los padres.

 

Los estereotipos y las leyes mantienen sus prácticas discriminatorias en la asunción de que las y los padres y madres gays y lesbianas son diferente a los padres heterosexuales, en el bienestar de sus hijos e hijas. La evidencia empírica revela que, por el contrario los padres gays se ocupan de su rol, proveyendo recreación, estimulando la autonomía y lidiando con problemas generales de la maternopaternidad, igual que sus pares heterosexuales.

Comparados con estos padres heterosexuales se ha descrito que los padres y madres gays y lesbianas son más rigurosos a la hora de poner límites, le dan mucho más importancia al desarrollo de habilidades cognitivas y se comprometen en las actividades diarias de sus hijos e hijas.

Añadamos que, pocas diferencias se han encontrado en las investigaciones de las últimas dos décadas comparando madres lesbianas y no lesbianas.

Se puede concluir entonces que hay más similitudes que diferencias en los estilos y actitudes de maternopaternidad entre gays y no gays. [14] [15] [16]

Por otro lado, una creencia fortalecida por algunos psicoanalistas[17] sostiene que los niños y niñas pueden ser abusados sexualmente por sus padres.

Si bien es evidente que este disparate no es sostenido por todos los psicoanalistas, hay notables profesionales que dentro del mismo movimiento intentan hacer girar ese gran y pesado barco teórico.

 

Regresando a Marcelo, expongo la siguiente viñeta:

 

Marcelo: Hace un tiempo en el colegio de los chicos hubo una denuncia a un maestro de educación física porque decían que abusó de uno de los alumnos. Fue un gran escándalo que casi llega a los medios de comunicación. Cuando llegué al colegio un día la directora me dijo que se suspendían las clases de natación por una temporada. Ella estaba muy nerviosa, alterada, y la acompañé a dirección y me quedé con ella un rato hasta que vinieron más personas. Me dijo: “A vos te parece... este puto de mierda, habría de matarlo”. Yo me puse colorado y muy ansioso, intenté tranquilizarla pero me paralicé y no pude decir más nada.

Desde entonces trato de no tocarlo a Jordán. Siento que es inadecuado, siempre estoy muy tenso y ansioso. Hasta incluso evito que invite compañeritos del colegio, no quiero tener problemas. No quiero pensar en esto, me provoca mucha angustia. Incluso hablarlo ahora me da miedo.

 

Le comenté a Marcelo durante la sesión que había bastante evidencia que las personas que abusan sexualmente de niños son el 90% varones heterosexuales. Es habitual que la gente confunda pedofilia con homosexualidad, esta es una de las formas preferidas de estigmatización de los gays.

Al preguntarle si consideraba que el contacto físico era necesario para el crecimiento de las personas me respondió que sí. Un par de sesiones más tarde me comentó que había estado con sus dos hijos abrazados mirando televisión una noche y reconoció que ese contacto era necesario para él también.

 

2- En relación a la identidad de género y orientación sexual en los niños y las niñas.

 

Es sorprendente el desarrollo de programas e investigaciones sobre familia lesbiana, los seguimientos a largo plazo y la cantidad de personas enroladas en dichos estudios. Como bien señala Giddens, las mujeres son pioneras en el descubrimiento de caminos todavía ocultos, en un mundo donde el sentido atribuido al matrimonio, a la familia y al trabajo se ha visto completamente trastocado.[18] Algunos de esos estudios podrían ser trasladados a la comunidad gay, sin embargo requieren de duplicaciones.

Los datos son consistentes con el hecho que el género de identidad de los preadolescentes criados por madres lesbianas, se encuentra en la gran mayoría de los casos de acuerdo con el sexo biológico. Ninguno y ninguna de los más de 300 chicas y chicos estudiados hasta la fecha ha mostrado evidencias de confusión sobre la identidad de género, haber deseado tener otro sexo o desarrollado conductas transgenéricas. No ha habido diferencias entre los juguetes, juegos, actividad, vestimenta, preferencias de amistad, de los niños y niñas que han tenido madres lesbianas comparativamente con aquellos que han tenido madres heterosexuales.

Tampoco se han encontrado evidencias en la identidad de género, en los roles sociales u orientación sexual en adultos que han tenido padres homosexuales divorciados comparados con aquellos que tienen padres heterosexuales divorciados.[19] [20] Una proporción similar de adultos jóvenes que tienen padres homosexuales y aquellos que tienen padres heterosexuales y de aquellos que refirieron sentimientos de atracción hacia alguien del mismo sexo.[21] [22]

 

Marcelo: Me ronda en la cabeza que pensaría Adriana y la familia si mi hijo fuera gay.

 

Terapeuta: Tus padres son gays acaso?

 

Marcelo: La verdad que no...

 

Terapeuta: ¿Qué te hace suponer que un gay cuando se reproduce genera otro gay? Es muy frecuente que la gente piense que la homosexualidad es algo contagiosa o aprendida o genética. Generalmente estas ideas no son muy científicas, aunque lo pretendan, son más bien comentarios homofóbicos.

 

Marcelo: Pienso que a Adriana no le gustaría. Siento mucha culpa por lo que le hice. De alguna manera muy remota yo sabía que era gay antes de casarme con ella, aunque se que estuve enamorado de ella.

 

Terapeuta: ¿Y  vos qué pensás sobre esto?

 

Marcelo: No lo había pensado, pero creo que por lo que estoy diciendo, no me gustaría tampoco que fuera gay.

 

Terapeuta: ¿Por qué?

 

Marcelo: Porque no es fácil.

 

Terapeuta: ¿Te ha dicho alguien cercano esto de que es mejor no serlo porque es difícil?

 

Marcelo: Sí Adriana cuando nos separamos... y mi padre.

 

Terapeuta: ¿Y qué efecto ha tenido en vos esa frase?

 

Marcelo: Devastador. Hacé lo que quieras pero te va a ir para el carajo.

 

Terapeuta: ¿No estás, acaso, de algún, modo repitiendo este mensaje? Y si es así, ¿Qué efecto te parece que tendría en Jordán esta idea?

 

Marcelo: La misma que tiene en mí.

 

Terapeuta: ¿Qué, entonces podrías hacer diferente?

 

Marcelo: Dejar de temer por él y por mí. Dejar de tener miedo de todo y de todos.

 

Terapeuta: ¿Creés que podrías intentarlo?

 

Marcelo: Podría dejar de tener miedo, para dejar que Jordán crezca mejor que yo.

 

Terapeuta: Iremos viendo  porque creo que esto no va a tener efectos sólo en él. Tendrá efectos también en vos.

 

Sin embargo, cabe una segunda pregunta ¿Puede una familia librarse de los roles de género? Consideremos que los costos de la construcción binaria son bastante altos. Si el género es una estructura que organiza nuestra vida, somos actores sociales que podemos elegir o no reproducir el género en nuestras interacciones sociales. Es más, el género es un artefacto de dicha interacción más que una realidad apriorística.[23] Barbara Risman sostiene que elegimos “hacer” género de distintas maneras (do gender!!). A nadie le cabe duda que el género genera injusticias y desigualdades y que debemos ir más allá. Risman estudió familias donde se “hacía el género” de una manera más igualitaria (estudió familias lesbianas, gays y feministas). Sostiene que el vértigo es una especie de desorientación necesaria si deseamos que colapsen las estructuras binarias.  Según esta autora, la respuesta de por qué hombres y mujeres se comportan –piensan y sienten- diferente es especialmente porque la familia manufactura los géneros en la interacción. En las familias estudiadas se demostró que hay posibilidades de construir relaciones, y por lo tanto, educar a los niños a partir de principios más igualitarios que diseminan el género sin causar más que ventajas en las familias.

 

3- Desarrollo emocional y social

 

Debido a que la mayoría de los niños y niñas cuyos padres y madres son gays o lesbianas, han experimentado el divorcio de sus padres biológicos, los estudios sobre desarrollo deben ser evaluados en ese contexto. El cual se complejiza fuertemente al aparecer en escena nuevos hermanos y parejas.

 

La literatura acumulada sobre este tema ha revelado que no hay grandes diferencias entre los hijos criados por madres divorciadas lesbianas y madres divorciadas heterosexuales. [24] [25] [26]

 

Sin embargo, la autoestima de las y los adolescentes de madres separadas -independientemente de su orientación sexual- que tuvieron una nueva pareja después del divorcio es mayor que aquellas que han continuado solas. Por otra parte, sabemos que aquellos niños y niñas que tempranamente supieron de la homosexualidad de alguno de sus progenitores, logran en su desarrollo mejor puntaje en las escala de autoestima que aquellos que lo descubrieron o supieron a mayor edad. [27]

 

El hétero-sexismo y la estigmatización prevalente en la sociedad, puede hacer que las niñas y los niños sean víctimas de burlas y hostigamiento debido a la peculiar constelación familiar. En un estudio sobre chicos criados por madres lesbianas, relatan haber sido abusados verbalmente por sus compañeros con más frecuencia que otros chicos.[28] Sin embargo, lidian bastante bien con el desafío de comprender y describir a sus familias y a su entorno significativo más cercano.

En el desarrollo social y emocional de los niños y niñas el papel de la familia ampliada, abuelos y tíos, resulta muy importante. [29] En el caso de las familias GLTTBI, suele decirse que sufren de aislamiento. Dicho aislamiento comienza antes de la configuración familiar, incluso antes de la aceptación de la pareja, cuando los padres reciben la noticia de que su hijo o hija –sobre todo si se trata de un hijo o hija único o única- es gay o lesbiana. Tristeza no sólo motivada por la homosexualidad en sí, sino por la pérdida de la esperanza de ser abuelos.

Es por ello –quizás- que la maternopaternidad gay-lésbica suele tener un efecto particular sobre la familia ampliada. Los relatos de algunos pacientes parecen confirmar que los abuelos se acercan más a sus hijos e hijas y a sus parejas. Estos resultados benéficos son un aliado del desarrollo y crecimiento de los niños y niñas.

De todos modos, este punto puede tener ciertas aristas como nos recuerda Silvia Bleichmar respecto al uso de este argumento para no dar en adopción niños a una pareja homoparental: “...ese argumento cuyo aparente sentido común no puede ocultar el tinte fascistoide que encierra: la preferencia por las familias normales ya que, lamentablemente, en estas circunstancias históricas, los niños hijos de padres heterosexuales lograrán una mejor y menos conflictiva integración a la sociedad.

Argumento válido para preferir no sólo a los heterosexuales frente a los homosexuales, sino también a los cristianos respecto a los judíos, o a los bien dotados respecto a los menos favorecidos, elementos todos que en la sociedad tradicional han propiciado una integración favorable. ¿Por qué no buscar, en última instancia, parejas heterosexuales portadoras de buenos apellidos ilustres de la sociedad Argentina, para garantizar, de una buena vez, la integración a un país en el cual todos, de uno u otro modo, hemos tenido dificultades de adaptación y aceptación. Salvo aquellos que –por linaje- tienen, si no el futuro, al menos el pasado garantizado?”. [30]

De hecho crecer con padres o madres gays y lesbianas podría conferir algunas ventajas a los chicos. Hay varios trabajos que los describen como mucho más tolerantes de la diversidad humana y tienden a ser más cuidadosos y afectivos con niños más pequeños, y son vistos por sus maestras y maestros como más afectivos y responsables.[31] [32] [33]

En relación con la adaptación social, algunas publicaciones señalan claramente que estos niños y niñas se relacionan de una manera más igualitaria en la división del trabajo en casa y, mantienen mayor contacto con sus abuelos y familiares si son aceptados. [34] [35] [36]

Las asociaciones americanas de psicología, psiquiatría y pediatría han elaborado significativos documentos apoyando la maternopaternidad gay-lésbica, e instando a sus miembros a trabajar activamente sus prejuicios. Al mismo tiempo ponen a disposición de los usuarios las bastas bases de datos sobre estudios empíricos.

En uno de los últimos trabajos realizados en Australia, el 49% de los padres y madres gays y lesbianas refirieron temor de hablar de este tema con los pediatras, y el 27% reportaron experiencias problemáticas al respecto.[37]

En nuestro país, la Sociedad Argentina de Pediatría emitió una serie de comentarios escritos por el Dr. Emilio Boggiano, convocando a los pediatras  a través de su página web, sus publicaciones y congresos “a estar preparados para acompañar las nuevas estructuras familiares y aceptar las diferencias.” En contraste, las asociaciones profesionales de la salud mental posiblemente no han tenido tiempo –aún- de establecer algunos lineamientos de utilidad.

 

Me permitiré algunas reflexiones: ¿Por qué dicen “no” a la maternoparentalidad gay-lésbica?

La respuesta resulta obvia: Esta maternoparentalidad es uno de los caballos del Apocalipsis. Y por supuesto asusta.

En medio de la zoncera general, el desorden de la “familia tradicional” provoca escozor en distintos sectores sociales.

Lo lamentable es que los discursos declarados altruistas con los niños y niñas -todo es por el bien de ellos- provienen de grupos de interés que van, desde la Iglesia a las sociedades psicoanalíticas en vuelos non stop

Y sabemos que aquello que se presenta de modo solemne y serio termina convenciendo. En ese sutil gesto fundamentan su estrategia que convierte en verosímil y aceptable su discurso carente de toda argumentación.

Pensemos –entonces- con tono irreverente y menos serio, por qué se responde negativamente a la maternoparentalidad gay-lésbica:

 

Por miedo al desorden y a la desmesura. No importa si son piqueteros o un grupo de travestis tiñendo de un hermoso rosa más amariconado el rosa viejo de la catedral de Buenos Aires, siempre la sociedad tiene miedo al desborde.

 

Miedos centrados en lo económico. Los discursos alternativos de la maternoparentalidad ponen de manifiesto por un lado que la herencia de los bienes y nombres desestabiliza el capitalismo y por otro, que la herencia genética no sería mas que un rasgo etnicista del materialismo. Así, los vericuetos “naturales’ de lo sanguíneo se diluyen.

 

Miedo a la infelicidad señalan algunos especialistas, porque este estilo de vida podría ocasionar desdicha (¡Como para no enloquecer con éstos ahora devenidos guardianes de la alegría!). Cinco mil años de historia demuestran lo contrario: La heterosexualidad y la familia no son ninguna garantía de la sanidad mental ni menos de la felicidad. Acaso, ¿No es hora ya de dejar que otros prueben?

 

Lamentable, nos señalan y ubican al interior de sus discursos: “No podemos tolerar que existan otros modos de configuración familiar”.

Sólo basta asomarse a los relatos de los hijos llamados “naturales” o los bastardos, los amores y desengaños, la herencia y los testamentos entre otras miserias presentes en esas novelas, desde el trasvaso a las radionovelas y a las novelas televisivas, y de allí en vía directa transfundidas a nuestras vidas.

Imagínese por un momento tener que responder la siguiente pregunta ¿Qué es una familia? ¿Es efectivamente una organización social para asegurar la procreación? o ¿Una construcción en oposición al concepto de soledad? ¿Una señora que vive en mi edificio con sus cuatro gatos? ¿La pareja gay del segundo con la madre viuda de uno de ellos? ¿Los intrincados vínculos de los que habitan en portería? ¿La familia López con sus dos hijitos mellizos resultado de la inseminación artificial? ¿La del cuarto que vive con una nena que dice que es adoptada y repite que es la hija de una prima que murió de cáncer? ¿Los dos hermanos ya mayores que viven en planta baja? ¿La vecina que vive sola? ¿El divorciado del noveno, que trae sus hijos los fines de semana? ¿El grupo indefinido de estudiantes que viven en el departamento B? ¿Un mismo grupo de personas que reciben la boleta de Edesur? Después de todo, familia es una persona relacionada con otra de algún modo.

Entonces los discursos de aquellos ponen en ejecución su ruidosa maquinaria. Pero usted lector -que antes no había invocado- sabe que ellos van detrás de los acontecimientos –sino recuerde lo que les costó admitir lo de la redondez de la tierra o lo del abuso sexual- torpes con su denso paso y con el índice en alto.

 

Señores: ya hay padres y madres gays y lesbianas, padres lesbianas, gays madres, lesbianas madres, padres gays. ¿Hijos o hijas trans? Y así el desorden continúa, perturbando los regímenes de los géneros y mareando la teoría de unos y las leyes de otros.[38]

En la entrevista a Derrida que citábamos anteriormente, él se pregunta: “¿Acaso una pareja de hombre homosexuales propone o impone dos padres a su hijo? No estoy seguro. ¿Una pareja de mujeres homosexuales engendra dos madres? ¿No hay siempre, en todas estas situaciones, “entre nosotros”, un padre y una madre, padre y madre? ¿Hasta abuelos, tíos y tías, toda suerte de relevos y sustitutos, como siempre, entre los amigos, etc…? Más allá de toda interpretación jurídica, me pregunto sobre todo cómo (y si) el modelo familiar, referencia muy estable y fundadora para la teoría psicoanalítica, podrá al transformarse, transformar al psicoanálisis.

Entre Freud y sus sucesores, incluido Lacan, la teoría edípica supone un modelo fijo: la identidad estable del padre y la madre. Y sobre todo de una madre supuestamente irremplazable. Habrá que volver sobre este punto que considero decisivo. A largo plazo, lo que debería verse afectado por lo que desplaza el modelo familiar es precisamente la aproximación psicoanalítica de esta cultura. Esa mutación del psicoanálisis mismo debería corresponder por lo demás a lo que considera su misión primera: ocuparse ante todo de aquello que, directamente o no, concierne al modelo familiar y a sus normas. El psicoanálisis siempre quiso ser un psicoanálisis de las familias”.[39]

Entonces estos organismos paternalistas y autoritarios impulsan al Estado a regular -que original: otra vez- los cuerpos en el espacio.[40] Los unos apropiándose de la educación y el lobby político, y los otros ubicándose en consultores indiscutibles del devenir mental de la Nación, basta leer las increíbles declaraciones de miembros de algunas organizaciones.

Como lo declara el Dr. Gabriel Juffe, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, en el siguiente párrafo: ¨ La crianza de un hijo por parte de una pareja homosexual, podría hacer que se inclinara hacia la homosexualidad... en la adolescencia la  tendencia a permeabilizar las prohibiciones y buscan transgredir como algo natural o a través de canales... delictivos o adictivos.... habría una inclinación hacia el incesto en casos en que la pareja homosexual tenga un hijo del mismo sexo ¨.[41]

Lo que más choca de estas declaraciones es la brutalidad, la bajeza y el facilismo con que ponen en juego la autoridad profesional. Si usted siente vergüenza ajena, rente a esta cháchara ignorante y ofensiva, bienvenido.

¿Qué convierte entonces en verosímil este disparate? La seriedad señores, la seriedad. Es por eso quizás que hoy mi estilo es, como lo anuncié, tan irreverente.

Este dañino texto –¿a cuántos habrá entristecido?- tiene la virtud de presentarnos tres temores adicionales:

 

El primero, es la fantasía del incesto.

Temor inoculado en la cabeza de Marcelo por un tiempo. Las evidencias refieren que los abusadores son familiares de la víctima o personas con cierta ascendencia sobre la víctima como sacerdotes, tíos o maestros, y convengamos que estadística y espectacularmente son  heterosexuales. Aunque ya la gente parece no salir del asombro cada vez que la realidad entra en sus casas con formato de telediario (¿Qué es lo que olvidan sistemáticamente? ¿O es que otra creencia potente se vuelve irreducible?). Los desplazamientos entre gaydad y pedofilia son otra muestra obscena de la desinformación. Y el esfuerzo se redobla para decir que el abusado inventa, disponen de intrincadas fórmulas psicoanalíticas, una especie de contra mito.

 

Segundo, los chicos saldrán enfermitos.

Tengo un par de pacientes y amigos gays con hijos con los que he luchado para desmontar esa baratija. Pero aquí, ¡Hasta viene el diagnóstico!: Los gays y las lesbianas tendrán hijas e hijos con Trastorno Borderline de Personalidad. Miles de consultorios desmienten la idea. ¿Ahora, quién pagará las sesiones extras de mis consultantes y amigos post trauma escópico causado por la lectura de ese párrafo?

 

Tercero: La monstruosidad.

¿Y si los hijos devienen homosexuales como nos advierte Juffe o peor aún: trans? Entonces sin duda habrá un ejército de gays, lesbianas, bisexuales y trans que colonizarán el mundo. Invasión X. ¿No era que ya la corporación de la salud y la iglesia habían acordado dejar de hostigar a los homosexuales [42] por qué volverlos más tristes? Si no se trata más de una enfermedad, ¿Qué tendría de malo que tuvieran hijos con la misma orientación sexual? ¿No deberían los gays y las lesbianas ponerse tristes como las parejas heterosexuales cuando sus hijos no salen a imagen y semejanza?

Por todo lo anterior celebro la publicación reciente en Argentina del libro “Adopción. La caída del prejuicio. Proyecto de ley nacional de unión civil” de diversos investigadores convocados por la CHA. Texto dedicado a argumentar cómo el devenir de las estructuras de relaciones de pareja y familia ya no es más únicamente heteronormativa. Además reflexiona sobre las posibles consecuencias en lo subjetivo, lo jurídico y lo social de las nuevas configuraciones familiares.[43]

 

Regresando al trabajo clínico con Marcelo. Durante dos años concurrió a entrevistas de psicoterapia. Su relación con Adriana fue tensándose y tuvieron dos episodios en los que intervinieron abogados por diversos problemas, para más tarde cambiar y transformarse en una relación solidaria y colaboradora.

 

En el colegio, Marcelo abrió el tema de su homosexualidad y finalmente decidió junto con Adriana cambiarlos a otro un poco más progresista. Marcelo comenzó a sentir menos culpa y a sospechar prejuicios en el departamento de psicopedagogía y decidió no tolerarlo. Adriana aceptó este cambio a regañadientes ya que ella quería que los niños tuvieran una formación religiosa. Ella tuvo una enfermedad compleja por espacio de un año y Marcelo e Iván fueron de mucha ayuda, tanto económicamente como en las responsabilidades con Jordán y Anita. Marcelo habló de su orientación sexual con sus hijos, lo cual le provocó un agradable sentimiento de tranquilidad.

 

Acordamos que él vendría un año después a contarme cómo andaban sus cosas. Y este es un fragmento, una especie de melodrama pero con feliz epílogo, de esa sesión:

 

Marcelo: Vengo a contarte algo que me sorprendió. Nos fuimos de vacaciones con los chicos e Iván a la playa. Jordán cumplió años en el viaje. 13, la verdad es que está enorme. Hicimos un picnic en la playa con fogón y guitarras. La verdad es que el nene me salió un músico hecho y derecho. Ani es más parecida a la abuela, ni con la pandereta, y entra a destiempo, pero siempre mi relación con ella fue más fácil. Fue otro chico del conservatorio compañero de Jordán e hijo de unos amigos nuestros.

Pero lo interesante fue cuando fuimos a comprar algo para el picnic al supermercado. Él estaba en la puerta con un perro callejero, una señora se puso a charlar con él, él le contó que esta armando su cumpleaños para la noche y la ayudó con las bolsas.

Yo estaba atento a la conversación mientras pagaba la cuenta  e Iván guardaba todo en las bolsas.

Ella le dijo que él era un chico encantador y que había que felicitar a sus padres.

Él nos señaló  ambos y dijo: ¡Vio, una vez que hago algo bien, dígales a ellos que se ponen contentos!

Esa noche festejé dos cumpleaños. Cuando nació hace trece años y uno de hace sólo un par, cuando decidí, casi como un acto de conciencia, tenerlo como hijo.  

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:


 

[i]¨Algunos especialistas en sociedades exóticas, como S. Lamelland, observan la importancia de la movilidad de los niños entre varias unidades familiares, y señalan también que, durante la mayor parte del tiempo, esta movilidad se apoya en o crea un vínculo entre lo que denominaré, a falta de un término mejor, <<figuras parentales>>.” Lamelland S., La Circulation des enfants en société traditionnelle. Prêt., don, échange, París, L´Harmattan, 1993

 

[ii] Como corolario debo destacar que siempre me impresionó negativamente el hecho de que en las escuelas se festeje el día de la madre o del padre, casi como un gesto de insensible mal gusto, pero en fin…

 

[iii]  Para mayor información revisar el artículo de Adopción y derechos de los homosexuales. Legislación y Jurisprudencia. Graciela Medina. Op.cit. 41.


 

[1] Williams R., Palabras Clave, Un vocabulario de la cultura y la sociedad. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires. (2000) 143.

 

[2] Derrida J., Roudinesco E.; Y Mañana Qué…, Fondo Cultura Económica. (2003) 46-47.

 

[3] A film by Debra Chasnoff and Helen Cohen, It’s Elementary. Talking About Gay Issues In School. Women’s Educational Media. San Francisco, Ca.

 

[4] Iacub M., Le droit et l’horreur des filiations homoparentales, Manzarine. Le troisième sexe.1(1999)

 

[5] Mehl D., Naître? La controverse bioéthique, París. Bayard. (1999) 153.

 

[6] Bleichmar, Silvia. Las Parejas Homosexuales y el derecho a la adopción. Diario Clarín. Tribuna Abierta. Martes 06 de enero de 1998.

 

[7] Perrin EC.: Children whose parents are lesbian or gay. Contemp Pediatr. (1998)15:113-130.

 

[8] Cadoret A., Padres como los demás, Homosexualidad y parentesco. Gedisa editorial. (2003) 119.

 

[9] ídem op.cit. 8. 119.

 

[10] Ídem op.cit. 8. 84.

 

[11] Ídem op.cit. 8. 180.

 

[12] Ídem op.cit. 8. 136.

 

[13] Stacey J.Gay and lesbian familias: queer like us. en M.A. Mason, A.Skolnick y S. Sugarman (comps.), Oxford, Oxford University Press. (1998) 136.

 

[14] Turner PH, Scadden L, Harris MB. Parenting in gay and lesbian families. J Gay Lesbian Psychother. (1990) 1:55-66.

 

[15] Harris MB, Turner PH. Gay and lesbian parents. J Homosex. (1985) 12:101-113

 

[16] Bigner JJ, Jacobsen RB, Hotvedt ME, Gray J, Smith L. Lesbian mothers and their children. Dev Psychol. (1995) 31:105-114.

 

[17] Juffe G.: Revista 23, N2 20.  Junio. Buenos Aires. 2002.

 

[18] Giddens A., The transformation of intimacy. Sexuality, love and eroticism in modern societies, Cambridge, Polity Press (1992) [ Trad. Cast.: La transformación de la intimidad, trad. De Benito Herrero, Madrid, Cátedra (1995)

 

[19] Patterson CJ. Children  of lesbian baby room: behavioral adjustment, self-concepts, and sex role identity. In: Greene B, Herek GM, eds. Lesbian and Gay Psychology: Theory, Research, and Clinical Applications. Thousand Oaks, CA: Sage Publications; (1994) 156-175.

 

[20] Bailey JM, Bobrow D, Wolfe M, Mikach S. Sexual orientation of adult  sons of gay fathers. Dev Psychol. (1995) 31:124-129.

 

[21] Tasker FL, Golombok S, Growing Up in a Lesbian Family: Effects on Chile Development. New York, NY: Guilford Press (1997)

 

[22] Golombok S, Tasker F, Murria C. Children raised in fatherless families from infancy: family relationships and the socioemotional development of children of lesbian and single heterosexual mothers. J Child Psychol. Psychiatry. (1983) 24:551-572

 

[23] Risman Barbara. Gender vertigo. American families in trasition. New haven, Conneticut. Yale University press (1998)

 

[24] Green R, Mandel JB, Hotvedt ME, Gray J, Smith L. Lesbian mothers and their children: a comparison with solo parent heterosexual mothers and their children. Arch Sex Behav. (1986) 15:167-184.

 

[25] Patterson CJ, Children of the lesbian  and gay parents. Adv Clin Child Psychol. (1997);19:235-282

 

[26] Allen M, Burell N. Comparing the impact  of homosexual and heterosexual parents of children: meta-analysis of existing research. J Homosex. (1996) 32:19-35.

 

[27] Huggins SL. A comparative study of self-esteem of adolescent children of divorced lesbian mothers and divorced heterosexual mothers. J Homosex. (1989) 18:123-135.

 

[28] Tasker F, Golombok S. Adult raised as children in lesbian familias. Am J Orthopsychiatry. (1995) 65:203-215.

 

[29] Attias-Donfut C., Segalen M., Grands-parents : la famille à travers les générations. Paris, Odile Jacob. 1998. Attias-Donfut C. - The Myth of Generational Conflict : The Family and State in Ageing
Societies.
  London. Routledge (2000)

 

[30] Idem, op.cit. 6.

 

[31] Steckel A. Psychosocial development of children of lesbian mothers. In: Bozett FW, ed. Gay and Lesbian Parents. New York: Praeger (1987) 75-85.

 

[32] Stacey J, Biblarz TJ. (How) Does the sexual orientation of parents matter? Am Social Rev. (2001) 66:159-183.

 

[33] Tasker F. Children in lesbian-led families: a review. Clin Child Psychol Psychiatry. (1999) 4:153-166.

 

[34] Patterson CJ, Hurt S, Mason CD. Families of the lesbian baby room: parents´ division of labor and children´s adjustment. Dev. Psychol. (1995) 31:115-123.

 

[35] Chan RW, Brooks RC, Raboy B, Patterson CJ. Division of labor among lesbian and heterosexual parents: associations with children´s adjustment. J Fam Psychol. (1998) 12:402-419.

 

[36] Patterson Cj, Hurt S, Mason CD. Families of the lesbian baby room: children´s contact with grandparents and other adults. Am J Orthopsychiatry. (1998) 68:390-399.

 

[37] Mikhailovich K., Martin S., Lawton S., Lesbian and Gay Parents: Their Experiences of Children´s Health Care in Australia, International Journal of Sexuality and Gender Studies, Vol.6, No.3, Human Sciences Press (2001)

 

[38] ídem op.cit. 2. 48.

 

[39] ídem op.cit. 2. 48.

 

[40] Salessi J.: Médicos, Maleantes y Maricas. Beatriz Viterbo Editora, Rosario (2000)

 

[41] Idem. Op. cit. 17.                 

 

[42] Bersani L: HOMOS, Harvard University Press, Cambridge (1995)

 

[43] Varios Autores: Adopción. La caída del prejuicio. Proyecto de ley nacional de unión civil. CHA (Comunidad Homosexual Argentina), Editores del Puerto, Buenos Aires (2004)


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