Políticas sexuales e identidad en la psicoterapia
Consideraciones sobre el "coming out of the closet"
Pablo Gagliesi
médico psiquiatra
Arenales 3891 - 6to. Piso
1425, Buenos Aires
pablogagliesi@fibertel.com.ar
Tel/fax.[54-11] 4832-2498
(Impresión
sobre una remera de Act Up, vista en una calle de N.Y.)
Pido disculpas de ante mano, ya que, posiblemente,
este trabajo termine siendo una especie de enchapado, un aglomerado de finas
capas de madera superpuestas con sus vetas en diferentes direcciones, quizás
porque fue gestado inicialmente como una conferencia.
No existe ninguna psicología políticamente neutral.
Ninguna. No hay teoría de la subjetividad políticamente neutral. Básicamente
porque no hay posibilidad alguna de que esto ocurra en las ciencias humanas. Fatídico
pero cierto. Si toda teoría de la subjetividad es una construcción y dicha
construcción es el resultado, a veces exhaustivo, a veces mezquino de la
interpretación, es obvio que no hay posibilidades de deslindar una variable que
está en su génesis. Quizás por ello Guide cree que la psicología es una
distracción de la política y Focault dice que es su guardiacárcel.
Los cambios fundamentales ocurridos en la centuria
pasada han diseminado y profundizado la crisis sobre las definiciones sexuales y
la identidad, dramatizando la incoherencia y contradicción de cada una de las
formas discursivas e institucionalizadas del sentido común. El mundo occidental
entró en procesos taxonómicos que indudablemente favorecieron el desarrollo de
las narrativas científicas y los discursos positivistas que explotaron en el
actual mundo tecnológico. Pero, al mismo tiempo, inventaron modos diversos, médicos,
- forénsicamente psiquiátricos -, legales y psicológicos, que clasificaron la
conducta humana y la privacidad. Si fechamos la invención de una nueva especie
de la que hablaré, la especie homosexual, a fines del XIX, debemos
ingresar en estos anales las nuevas narrativas generadas por los nuevos
discursos.
El espacio a llenar es aquel ya saturado del discurso
psicoanalítico; y éste está poblado de paradojas encriptadas y de la lógica
dicotómica de los sexos, donde se es uno/a o lo/a otro/a – una extraña metafísica
del sexo o género en una teoría que se sostiene en la gestación cultural de
la subjetividad -, las identificaciones y sus reversos, el Edipo positivo o
negativo, los mapas de inversión, entre otras dicotomías. Es decir el espacio
dónde, a través de esas manufacturas ideológicas, se la pasan algunos
intentando delimitar los bordes y consolidar los márgenes (González, 2000) y,
finalmente la pregunta etiológica del psicoanálisis sobre la sexualidad muere,
paradójicamente, de muerte laberíntica.
El sendero perfila su rumbo por otros horizontes. La
profunda inestabilidad generada por esos discursos dónde la homosexualidad
estabiliza la heterosexualidad y desestabiliza el género, mostrando las
limitaciones de estas lógicas bináricas, ha hecho que una profusa crítica
naciera, otra vez, naturalmente.
El contexto de esta crítica es el siguiente, veamos:
1-
Mi abuela admitía cabizbaja que las enredaderas de espinas eran difíciles
de disciplinar con las camisas de alambre y las estacas. Al final del verano éstas
mostraban con fulgor su desordenado crecimiento. A pesar de cierta tendencia
dentro del ámbito psi de disciplinar a ciertos intelectuales como Focault y el
naciente feminismo en camisas discursivas perimidas, estos movimientos desnudos
florecen actualmente en forma contestataria y desautorizante sobre las ciencias
que osen teorizar el género y la sexualidad, un ejemplo de ello es la Queer
Theory (Butler,J 1990).
2-
La Asociación Americana de Psiquiatría hace 27 años despatologizó la
homosexualidad y, actualmente revisa criterios del Sadomasoquismo para
eliminarlo de los manuales de diagnóstico.
3-
Dentro de las organizaciones psicológicas más y más terapeutas gays y
lesbianas enriquecen en una especie de coming in los re-pliegues de la
teoría desde una tarea singular de reflexión: a) sobre el sí mismo dónde
dicen en congresos y seminarios: “Señores esto no es así, porque a mí…”,
b) sobre preguntas como ser terapeuta gay o lesbiana con consultantes queer en
general, c) o sobre, reflexionar sobre lo que me gusta describir como
“Ventajas y Desventajas de Ser un Boxeador Zurdo” (Isay, Roughton, Drescher,
González, Miller, Magee, entre otros).
4-
Los pacientes están avisados de la homofobia imperante en el discurso
psicológico y cuestionan la práctica.
5-
El discurso postmoderno en el ámbito destaca la riqueza de la
problematización de la sexualidad y el género; y festeja el “no saber sobre
ello”.
6-
El discurso moderno propone evidencias para sostener teorías y, confesémoslo,
tenemos poquísimas para mostrar, por ejemplo del “Edipo Invertido”, o toda
una suerte de epistemología de la homofobia: narcisimo, desviación, perversión,
inversión, detención del desarrollo psicosexual, hostilidad fóbica al sexo
opuesto, incapacidad de amor maduro, desafiantes del género, disfuncionalidad
objetal, entre otros.
7-
La exploración en la sexualidad y la generidad de algunos individuos y
comunidades, como lo trans- y lo sado, es vigorosa y pujante. Y elípticamente,
con un celebrable salto con garrocha, sortean y dejan atrás a los teóricos.
8-
Cada vez hay más visibilidad en el concierto queer y no se habla
“de ellos” ya que han empezado a hablar por sí mismos. Las voces de sólidos
intelectuales trangenéricos como K. Bronstein es una de ellas.
Pero antes de seguir, me gustaría comentar la
siguiente anécdota. Jerome Bruner daba dos seminarios sobre teoría narrativa
simultáneos, uno en un instituto de psicología y otro en un instituto de
literatura. A ambos alumnados les apasionaba los temas psicológicos y los temas
literarios. Los dos tenían interés en lectores, escritores y les interesaban
los textos. Pero uno de los grupos, el de los psicólogos, se dedicaba a
trabajar, como refiere Bruner, “de
arriba hacia abajo”, y el otro “de abajo hacia arriba”.
Los partidarios de la primer direccionalidad de trabajo parten de una
teoría del relato, sobre la mente, sobre los escritores, y ésta se puede
anclar en cualquier parte: la lingüística estructural, la filosofía o el
psicoanálisis. Es decir: Empuñando la hipótesis buscan ejemplos (y en los
momentos más lúcidos los contra-ejemplos) de lo que esperan que será la
explicación correcta. Los otros se mueven de acuerdo a que el texto es una
porción de realidad, buscan la teoría implícita. Leer a Flaubert por sus
significados y poner de manifiesto el arte de su autor. Sin hacer oídos sordos
a las guías de la crítica literaria o incluso del psicoanálisis. Pero no habría
una teoría para probar o refutar.
Sin duda que hay dos modalidades de pensamiento en
juego aquí: una dónde el relato puede
estar construido por argumentos que convencen por su verdad y, otra dónde un
relato puede estar construido por su semejanza con la vida (Bruner, 1997).
Desde esta perspectiva es que resulta interesante
desandar algunos caminos en relación con las formulaciones teóricas respecto
al género y la sexualidad vigentes.
Posiblemente tengamos que escuchar o leer desde una
perspectiva particular la experiencia de aquellos consultantes estigmatizados por las teorías y las políticas que estas
engendran (¿O era viceversa?). A dichas experiencias es que denominamos
narrativas. Las narrativas gays, lesbianas, bisexuales, intersexuales y transgenéricas,
son narrativas singulares, y para conocerlas, es posible que, intencionalmente,
debamos deconstruirlas. Definamos este término como una forma de subvertir
realidades construidas y las prácticas dadas por descontadas o implícitas. Básicamente
esas “verdades” divorciadas de las condiciones y del contexto de su producción,
esas maneras descarnadas de hablar que ocultan prejuicios y familiares prácticas
del yo.
Los métodos de deconstrucción vuelven exótico lo
doméstico y de ese modo permiten una reapropiación del yo. Para White (1994)
esto incluiría tres pasos: la deconstrucción del relato, la deconstrucción de
las prácticas modernas de poder y las prácticas discursivas que generan[1].
Ricour (1983) dice que los relatos son modelos para
describir el mundo. Esto significa que trabajar con la metáfora narrativa de
las personas está en la dirección de lograr que ellas vivan en conformidad con
sus historias. En este sentido operan como desafíos para que nos imaginemos
nuevas maneras de teorizar las construcciones de estas “ficciones
apasionadas” como nos sugiere Teresa de Laurentis.
Descubriendo que la psicoterapia debería ser, entre
otras cosas, una secuencia y superposición de ambas prácticas tecnológicas,
es indudable que la tarea aquí, con las identidades sexuales y genéricas, es
narrar historias y la deconstrucción de las mismas. Un viaje intrépido sin
tantos mitos tranquilizadores.
En las historias que cuentan las personas gays,
lesbianas, transgéneros, bisexuales, intersexuales hay un proceso, que por
dificultades e imprecisión de la traducción llamaremos coming
out of the closet (lit. salirse del ropero). Este relato tiene cierta similitud
con la vida. - Curiosamente, desde las escuelas dónde la teoría sale a
buscar sus ejemplos, nada se ha escrito sobre esto -.
Veamos un ejemplo, Marcelo me cuenta: “A los nueve
años yo tengo el recuerdo de que tuve una pelea a los golpes con M. Lo quería
tanto que lo hubiera besado. Yo creo que siempre fui gay, recuerdo que me di
cuenta que yo era diferente. Sabía que no debía hablar con nadie de eso. Pero
el telegrama lo recibí a los 11. Lo archivé pero sabía. A pesar de
convertirme en el jugador de fútbol más hábil del club, a pesar de ser el
pendejo más exitoso en los bailes. No quería saber. Una tarde mi padre estaba
hablando con uno de sus amigos en la cocina y se comentaban las andanzas de un
compañero de trabajo que había sido encontrado en un baño con otro haciendo
vaya-uno-a-saber-qué, porque eran putos. Esa palabra definía la relación
entre los dos tipos. Yo supe que era puto. Tenía una tremenda vergüenza”.
Este
es un complejo sistema de reatribuciones y podría sistematizarse de la
siguiente manera (modificado de McDonald GJ 1982):
·
Conciencia
(despertar) de la atracción hacia personas del mismo sexo (Etapa del “Ajá”
según Isay, 1991).
·
Participación
en el acto sexual con personas del mismo sexo.
·
Identificarse
como gay-lesbiana.
·
Involucrarse
en relaciones homoeróticas.
·
Compartir
o revelar esto a otras personas (visibilidad).
·
Participar
de la sub-cultura gay-lésbica.
·
Auto-percepción
de una Identidad Positiva Gay-Lésbica.
Las
personas pueden consultar en diversos estadios de este coming out que, a
veces, ni siquiera son secuenciales ni caminos inexorables. Creo que son tareas
esenciales en la consulta facilitar
un atravesamiento exitoso y aliviar el dolor psíquico que producen. Por otro
lado, esto se sustenta porque el proceso por el cual algunas personas llegan a
identificarse como homosexuales concuerda sorprendentemente entre diferentes
sujetos (Mondimore, 1998).
El
proceso de “Ajá” no es tan sencillo (Isay, 1991). La persona reconoce algo
que la hace diferente
y, que esa diferencia no es socialmente aceptada. Esto genera una intensa
disonancia cognitiva que, en general provoca sufrimiento subjetivo. Las
descripciones de estos procesos van desde la más temprana edad hasta el
comienzo de la edad adulta y van acompañados de intensa disforia – Disforia
“natural” dentro de esta narrativa.
Me
permito aquí traer a colación una anécdota. Hace dos años en un congreso de
la American Psychiatric Association se conmemoraban 25 años de la
despatologización de la homosexualidad en los Manuales Estadísticos de Diagnóstico
(DSM). Jack Drescher, un eminente psiquiatra y psicoterapeuta, estaba dando una
conferencia sobre las contiendas políticas de esos años. Alguien del público
le preguntó sobre la existencia de una psicoterapia gay diferente a una
psicoterapia straight (heterosexual).
El Dr. Drescher bajó sus bifocales, y respondió: “Estimado colega, hace un
tiempo que me pregunto que diferencia hay... La verdad es que me acordé,
mientras Ud. hablaba de una película argentina llamada “La Historia
Oficial”. Si hay algo que diferencia cualitativamente estas “dos” terapias
(gay & straight) es que en términos narrativos hay diferencias...,
las y los pacientes gays y lesbianas tienen una Historia Oficial y La
Otra Historia”.
Esta narrativa gay-lésbica, lo
más parecida a la vida, es una forma de atribución de significados. Un o
una consultante recuerda eventos, emociones o pensamientos, más o menos
velados, más o menos reprimidos o, mejor dicho disociados[2], que se unen en
cadenas cobrando una iridiscencia parecida a las revelaciones.
Habría entonces, un poco artificialmente, una salida
del closet subjetivao interna, más íntima, relacionada con los diálogos en el sí
mismo (soy / no soy – parafraseando a Hamlet); y una más externa (le digo / no le digo), relacionada con los diálogos que se
tiene con la gente, es decir, con el reconocimiento del otro. Digo,
artificialmente, debido a que si bien se pueden contar dos novelas (en primera y
tercera persona), lo cierto es que se puede terminar de leer en primera del
plural: La negociación de significados.
La verdad del closet es que hay un traslado de los
impulsos dentro del lenguaje heterosexual. Es decir, no hay “soy / no soy”
sin el discurso dominante del otro a quien “le digo / no le digo”, que es
heterosexual prima facie, aún si es homosexual.
Los vínculos del closet (saber / no saber, implícito
/ explícito) son potencialmente reveladores de los hechos y de los discursos.
Son en definitiva, performadores [3]
de subjetividad.
No hay división binárica posible de hacer entre lo
que uno dice y lo que uno no dice,
nosotros debemos tratar de determinar las diferentes maneras
de no decir tales cosas. No hay uno sino varios silencios, y son una parte
de las estrategias que están subterráneas y hacen permeable los discursos. El
closet es una performación entre los
actos del habla y el silencio, silencio no particular, sino uno que cobra forma,
una gestalt, por las palabras que lo
rodean. Como esos perfiles en los camafeos…(Ksofsky Sedgwick,1990).
Es decir, el closet se configura por las líneas que
dibuja lo que no se dice. En un sentido esto genera un estado de alienación.
Sin duda finalmente se encarna, forma parte del cuerpo. De algo desconocido, el
closet configura lo conocido escindido. O mejor aún, una interfase.
Algunos y algunas relatan su percepción de
diferencia como posterior al sentimiento homoerótico (“Yo deseaba eso, y
después me vine a enterar que no se podía”) o como una percepción
encarcelada ya en el lenguaje binárico (“ser homosexual es ser un poco menos
hombre o más mujer”).
Es así que, el
amor que no tiene nombre[3], no
tiene nombre.
O lo tiene. Las personas relatan, así mismo, los
interminables caminos de las operaciones
mentales con sus mapas de posibilidades desplegados e inventando unos nuevos,
para en principio silenciar para luego olvidar, disociar o intentar cambiar el
signo de ésa percepción.
Ya
que los presupuestos impuestos son:
1.
Presunción de heterosexualidad.
2.
El reconocimiento de un estigma (ser
alguien fallado o dañado).
3.
El presupuesto de la homogeneidad (todos los homosexuales son iguales).
La
verdad es que sólo se cuenta este cuento como un ecléctico sobreviviente.
Narrar la historia del descubrimiento y del curso de la noticia. Los caminos
externos, llenos de cuchicheos, intriga, chismes y ruidos y los internos, llenos
de la misma sustancia. La tensión, después de todo, como resultado de una ley
física, es la característica de las interfases.
Retomando:
La existencia de esta percepción es alienante. Algo aparece en un entuerto de
operaciones mentales, muchas de ellas inconscientes. Pero la verdad es que
muchas de ellas no lo son tanto. En este sentido, dichas operaciones están
destinadas a compensar el malestar generado por la percepción, que rara vez es
sentida cómo intrusiva o externa, más bien reconocida como fermentada en el sí
mismo. Esa actividad cognitiva es realidad una batalla campal, en el terreno de
la conciencia, de un sí mismo despierto, atento y aterrado. Posiblemente la
palabra elección sexual finalmente no sea tan errada y, Proteo, como todos los
mitos que finalmente existen, deambula por las calles. El enunciado sería “yo
me construyo, yo me transformo”.
Las
investigaciones en las inmediaciones del closet, nos obligan a rescatar aquellos
desarrollos que proponen estados de conciencia un poco menos racionales o, menos
mecanicistas. Las teorías de la subjetividad vigentes con algunos de sus
modelos nos han obligado a pensar el sí mismo como una unidad, con leyes de
cierta lógica basada en analogías (leyes de la física newtoniana o de la
topología) que, y clausuran retóricamente (Gergen, 1991). Creo que el closet
es un buen modelo para cuestionar aquellos supuestos. Por ejemplo aquí los
discursos subjetivos requieren de atención selectiva de qué y cómo se piensa,
una especie de negación y renegación vivaz y activa, y de disociación (en
este sentido muchas mentes). El closet suplanta el desconocer por el conocer
escindido.
Y
también está el mundo, que quiere saber. O no quiere saber. Pero que sostiene
la histérica distancia entre la ignorancia y el descubrimiento. Como los
discursos en torno a la Zona Roja en Palermo. Después de todo observemos que el
amorque no se puede nombrar llena
las bocas de todos.
Otra vez la distancia entre el lenguaje que se habla
y el lenguaje que se evita. Aquí el closet externo, la segunda tarea: la
comunicación progresiva de éso que se es. Que lo sepan los otros, los
significativos y los no significativos. Se generan entonces diferentes círculos
de intimidad, y la escisión se perpetúa en la ecología (los que saben / los
que no saben). Hay mucho para decir respecto a este proceso, curiosidad sociológica
si las hay.
Aquí
haré algunos comentarios de entre casa. Quería recordar a una conocida
psicoanalista, con aspiraciones de gay friendly[5], que en una reunión de grupo de estudio sobre
“diversidades sexuales” cometió un acto fallido muy singular. Estábamos discutiendo este constructo teórico,
el coming out, y lo reemplazó por acting out. Muy curioso. La
verdad es que proporcionó ayuda a los aburridos debates en donde todos están
de acuerdo. La pregunta era: ¿La diferencia es el precio que se paga?.
Por
otra parte a una consultante, C., que trabaja en el área de la salud mental en
un hospital y en una prestadora de obra social, algunas colegas amigas le
recomendaron tener cuidado con la visibilidad, ya que había concurso para
ocupar un cargo en uno de sus lugares y despidos en el otro. Problemas conocidos
por todos nosotros. C. tiene una larga y comprometida pareja lesbiana de 10 años.
Le recomendaron hablar poco de su sexualidad, no aparecer en público con su
pareja, en definitiva silencio. Se le sugirió discreción. Razonable.
Ella
se preguntaba dos cosas:
Una,
“El silencio otorga?”, con los problemas que lo enigmático genera, por
ejemplo la posibilidad de actividad periférica (chismorroteo o lo que fuera).
Y
dos: Si ella, en medio de una conversación donde todos sus colegas hablaran de
sus últimas vacaciones con su pareja, o del auto nuevo que compraron o de los
hijos o sobre las dificultades de la convivencia o del divorcio o, simplemente
de una ida al cine con X; ella, a pesar del extenuante trabajo de
desgenerizar[6] (e impersonificar) cometiera un desliz y, dijera: “Hemos
comprado un perro”. Semejante fallido, riesgoso
por cierto, que terminaría por hacerla visible, ¿Sería finalmente un acting
out?. Sin duda es la diferencia lo que se paga.
C. descubrió que el closet es el pan ácimo de cada
día. La identidad sexual de las sexualidades no normalizadas es un continuo
proceso de closet y contra-closet. Es esa presencia afilada que corta todos los
escenarios. La verdulería, el hospital, el examen de idioma dónde la profesora
propone hablar de la vida privada, las entrevistas de algunas instituciones
psicoanalíticas, un lobby de hotel dónde se deciden la disposición de las
camas y de los cuerpos. En las consultas con C. nos ha llevado mucho tiempo
comprender que el dolor no necesariamente es enfermedad[7].
Para terminar quería traer a colación el siguiente
recuerdo:
Hace cierto tiempo vi una exitosa película inglesa:
“Trainspoting”. En dicho film el joven personaje, en una disco reflexiona
sobre el día en que todos seamos iguales (en clara alusión a las diferencias
de género y preferencia sexual). A la salida, la mayoría de mis conocidos
celebraron esa frase. Yo disiento: La verdad es que más que parecidos, nos
estamos volviendo más específicos. Es decir que pareciera que cada cual
atiende a su juego con mayor claridad. Creo que nunca existieron tantas tribus
diversas, tanta visibilidad que permite comunitariamente multiplicar las
exploraciones tan preconizadas por Focault. Clubes de Osos, de S\M de
fistfucking o club-of-leather-butches-on-the-road-riding-a-harley y porqué no
clubes de trikkies y de jardinería[8].
Quizás hoy, más que nunca antes, podemos surfear por
este océano sin preguntarnos por la fijeza de la normalidad; pero,
definitivamente, lo más fabuloso, lo más increíble, es la diversidad, la
cantidad de mundos posibles de ser
habitados[9].
Notas
[1] Para más detalles, y en forma reducida, el
primer capítulo de “Medios Narrativos Para Fines Terapéuticos” puede ser
esclarecedor. Cito ”Si aceptamos que las personas organizan su experiencia y
le dan sentido por medio del relato, y que en la construcción de esos relatos
expresan aspectos escogidos de su experiencia vivida, se deduce que esos relatos
son constitutivos; modelan las vidas y las relaciones”.
[2]
Por disociación a lo largo de este texto me refiero a las descripciones de
Sullivan HS sobre el tema en Personal Psychopathology, Norton, New York,
1972.
[ 3 ]
Performatividad:
Término proveniente de la teoría Queer . Teoría
Queer :
Estas nuevas líneas de pensamiento desarrollaron otras
perspectivas sobre los conceptos de género, identidad y orientación
sexual cuestionando la "compulsión a la definición". Jagose describe
a la teoría queer como: ".. los
gestos o modelos analíticos que dramatizan las incoherencias en las relaciones
estables e histórico-culturalmente sostenibles
entre sexo cromosómico, género y deseo sexual. Resistiendo ese modelo de
estabilidad - que reclama como origen a la heterosexualidad, siendo mejor dicho
su efecto - Localizado entre esos términos
explota, y saltan las incoherencias desestabilizando la heterosexualidad,
cuestionándolo todo a su paso, incluso lo que referimos como hombre o mujer y
haciendo imposible cualquier
demostración de que existe una sexualidad "natural"." En este
sentido es que pierden valor las teorías que intentan consolidar la idea que se
podría estabilizar el self al modo de los
principios psicológicos que definen una Identidad. Para
mayor información: Jagose, A: Queer
Theory - An Introduction, New York University Press, New York 1996.
[4] Cita bíblica de las cartas de San Pablo en el
Nuevo Testamento.
[5] Personas, restaurantes, instituciones etc. políticamente correctas que tiene actitudes positivas frente a gays
y lesbianas (Lit. Amables para con gays).
[6] Hábito muy difundido en la subcultura gay-lésbica
de decir palabras que se refieran a alguien evitando indicativos de género:
persona, pareja, etc.
[7] Lista de algunos grupos o tribus humanas
contemporáneas. Por Club de Osos comprendemos un grupo de hombres que son o
prefieren otros hombres grandes de tamaño corporal, habitualmente velludos. Por
S/M, sadomasoquismo, light o heavy o cualquier sexo que no sea el vainilla. Fistfucking es literalmente coger con el puño. La
traducción de club-of-lether-… sería algo así: club de mujeres marimachos con ropa de cuero que andan en motos
Harley-Davidson porlas rutas
(“carreteras”). Trikkies: Fanáticos de la serie televisiva Viaje a las
Estrellas. Y jardinería…
[8] Este comentario de A. es idéntico al de uno de
los pacientes descriptos en el libro citado de Drescher, página 240, capítulo
VIII.
[9] Esta cita es una transformación de una frase de R. Neimeyer y
retomado por la Lic. Sara Baringoltz (1998).
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