Autor: Jorge Alberto Chávez-Reyes
E-Mail: kisara1@ec-red.com
Te vi por primera vez en un campeonato al que acudí por curiosidad un domingo al mediodía en un cine del centro . Yo tenía entonces 15 años y no estaba muy seguro de que era lo que me había llevado allí, pero al verte entre los concursantes sentí una extraña mezcla se emociones ,una confusa combinación de lujuria y envidia. Comprobé con sorpresa que la visión de tu cuerpo musculoso y untado de aceite me excitaba pero me tranquilicé pensando en ese momento que lo que sentía en realidad era admiración, que lo único que yo quería era tener un cuerpo igual al tuyo, un cuerpo que me hiciera sentir tan poderoso y masculino como tu te veías sobre el escenario. No sé, tal vez creí en ese instante ,que si lo lograba podría ser como los héroes de los comics, como el Capitán Marvel, Flash o Superman, con sus músculos enormes y delineados y sus diminutos slips ( casi siempre rojos) que los hacían tan desconcertantemente atractivos para mi.
Ganaste aquel campeonato con facilidad . A partir de ese momento te transformaste en el símbolo de todo lo que yo quería llegar a ser.
Te volví a ver unas semanas después ,cuando me inscribí en un gimnasio y resultó que tu trabajabas como instructor allí. Me convertí en tu discípulo y también en tu amigo . Puse todo mi empeño y dedicación siguiendo tus consejos, cumpliendo las rutinas y sentí que mi sueño estaba cerca. Todos decían que yo podía ser un futuro campeón.
Pero la intimidad que surgió entre nosotros y el contacto físico inevitable durante los entrenamientos, provocaron que ya no pudiera controlar los sentimientos que había intentado mantener ocultos desde la vez en que te vi en el cine. No podía negar que la admiración que sentía era en realidad una atracción erótica y cada vez se hacía más difícil luchar contra la excitación ( y su manifestación física evidente entre mis piernas) cuando tomabas mi cintura para ayudarme a realizar otra repetición en la barra alta , o sujetabas mis brazos al hacer un press. El sueño se volvió una pesadilla, estaba confundido y temeroso, y por eso, decidí alejarme. Me avergonzaba que pudieras darte cuenta de lo que yo sentía.
Mi alejamiento te pareció una traición, una muestra de debilidad imperdonable. Sentiste rabia por haberte equivocado, rabia por haber malgastado tu tiempo y dedicación en mi. "Jamás llegarás a ningún lado" sentenciaste, "No tienes madera de campeón, nunca serás como yo" agregaste con desilusión.
Sin embargo , no renuncié a mi sueño, seguí adelante entrenando por mi cuenta, continué preparándome en la soledad del gimnasio que instalé en mi habitación, analizando cada ángulo de mi cuerpo en los espejos que hice colocar en las paredes ,buscando información en revistas y libros, enfocando toda mi energía hacía un único objetivo: lograr un cuerpo perfecto, un cuerpo que despertara tanta admiración por su rotunda masculinidad que acallará las dudas, todas las dudas, en especial las mías. Ahora , poniéndolo en perspectiva ,podría decir que pensé que lo que quería era que mi cuerpo fuera como el tuyo, lo que era , al fin y al cabo una manera de poseerte o de que tu me poseyeras..
Pasó el tiempo y llegó el día en que sentí que era momento de probar cuanto había avanzado y di el siguiente paso : me inscribí en un campeonato. Aquí tenemos pocos así que sabía que era muy probable que tu también participaras, siempre lo hacías y , siempre habías ganado hasta ese momento.
Saber que competiría contigo me atemorizaba y estimulaba a la vez, pero entrar en la competencia significaba mucho más que simplemente pararme frente al jurado para que me midan y comparen, significaba la ratificación de que estaba en el camino para alcanzar la meta que me había propuesto, en la senda que me llevaría a lograr el objetivo al que había dedicado mi vida durante tres años.
Cuando se inició el certamen y todos los participantes desfilamos frente al público me sentí avergonzado y nervioso... era la primera vez que me exhibía casi desnudo frente a tanta gente, la primera vez desde que me había alejado de ti, que tenía alguien más que al espejo como juez. Pero, cuando empecé a sentir las miradas de la platea y pude oír sus aplausos me envolvió un torbellino de emociones desconocidas. Su admiración fue como una droga, como un potente estimulante que me hizo sentir seguro y confiado como nunca antes me había sentido. Me sentí poderoso y deseado, ya no tenía vergüenza, no, todo lo contrario, quería que todos me vieran, quería que todos quedaran deslumbrados por la perfección y la fuerza de mi cuerpo. Comprendí de pronto porqué todos los superhéroes usan esas ajustadas mallas que los hacen parecer casi desnudos. Cuando se tiene un cuerpo atlético y vigoroso, mostrarlo te da una sensación de superioridad, una sensación de poder frente a aquellos, que ocultan con vestidos su imperfección física ,su delgadez o su gordura. Por eso me mostré con orgullo, como ellos, llevando para cubrirme únicamente un diminuto slip rojo.
Clasifiqué sin problemas para la final .Cuando llamaron a la presentación de todos los finalistas, nos vimos por primera vez cara a cara. A partir del momento en que nuestras miradas se encontraron, quedó establecido el desafío fue como si el concurso fuera únicamente entre tu y yo, los demás ya no importaban.
Parados, uno al lado del otro, tu espalda parecía tan amplia como la mía, mis pectorales se veían tan grandes como los tuyos, nuestros abdominales igualmente definidos. Parecíamos reflejos de una misma imagen, prácticamente idénticos.
En algún momento, mientras los dos tensábamos los músculos sobre el escenario, tu manera de mirarme cambió y pude notar una sonrisa de satisfacción esbozada sobre tu rostro durante los momentos de reposo. Creo que tu gesto de complacencia debe haber sido como la sonrisa de Narciso al ver su imagen reflejada en el agua.
Los jueces no podían decidirse, nos llamaron varías veces para hacer comparaciones. Doble bíceps, expansión dorsal, otra vez abdominales, tríceps y muslos. Todo se decidió en la rutina individual. Tenía tantos deseos de ganar que creo que eso fue lo que marcó la diferencia e hizo que los jueces me proclamaran vencedor.
Deportivamente te acercaste a felicitarme. Cuando estabamos abrazados y nuestros cuerpos que habían parecido atraerse y repelerse durante toda la competencia, entraron por fin en contacto, pude notar que tenías una erección que tu posing trunk de color rojo apenas lograba cubrir. Sonreímos, yo también tenía una erección difícil de ocultar.
No dejamos de mirarnos mientras me tomaban fotos y los amigos se acercaban a congratularme. Recordé tus palabras el día que te dije que había decidido alejarme ..nunca serás como yo... Entonces confirmé lo que pensé al ver tu sonrisa, solo podías amar a tu reflejo y yo me había convertido justamente en eso.
Cuando terminó todo, te acercaste de nuevo y me invitaste a ir a tu casa. Acepté y una vez allí casi sin decir palabra, hicimos el amor en la habitación - gimnasio -, frente a las paredes cubiertas de espejos. Desde entonces siempre lo hacemos después de cada competencia.
Todos dicen que cada día me parezco más a ti incluso en el rostro y los ademanes, la mayoría de veces nos confunden . Es posible que tengan razón al confundirnos. Hay momentos en que yo mismo no sé quién soy, hasta he olvidado mi nombre y pienso que es posible que nunca haya sido otra cosa que tu reflejo en el espejo o que tu no seas nada más que el reflejo de mis propios deseos sobre las brillantes superficies de cristal que me rodean.