Mitos y Modelos

 

Autor: Duncan Idaho

E-mail: a_neutro@yahoo.com

Artículo Neutro


Ricardo llegó como cualquier otro día puntual a su oficina en una empresa dedicada al desarrollo de sistemas en web a la que llamaremos Data. Hizo su trabajo ordenadamente y con la responsabilidad que lo caracteriza. Después del horario regular y una vez terminada sus tareas para ese día ingresó a Internet. Quería chatear.


Luego de colocar www.gay.com y apretar enter descubrió que la página no cargaba. Al parecer no era un problema de la página sino del sistema. Desistió después del tercer intento. Cuando quiso ingresar a otras páginas gays buscando cierta información, descubrió que tampoco podía. Ese día se fue frustrado a casa. Había algo raro en todo eso. Cuando los siguientes días probó ingresar a las mismas páginas no pudo. Cuando lo hacía en casa o en alguna cabina no tenía problemas. La dificultad solo se presentaba en el trabajo. Su sospecha se volvió certidumbre cuando días después un compañero de trabajo, gay desde luego, comentó que tenía el mismo impedimento.  Los encargados de sistemas de Data aparentemente habían bloqueado el posible ingreso a cualquier página que tuviera contenido gay, siempre que la palabrita estuviera contenida en la dirección.

Sandro, un estudiante de Ingeniería Industrial de la Universidad de Lima, llegó a las 10 de la mañana a la puerta principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Espero unos minutos antes de encontrarse con otros chicos de diferentes universidades, incluyendo a un par de la Católica. Ingresaron como todos los sábados desde hacía un par de años. 

Se dirigieron a las canchas para jugar voley junto con sus amigos de la universidad. Pero este sábado sería diferente.Cuando intentaron ingresar a las canchas a jugar, el encargado se les acercó y les pidió por favor que se retiraran. La entrenadora de voley había mandado un memorando al Jefe de Deportes de la universidad solicitando que se impidiera a chicos de otras universidades el uso de las canchas de voley de la universidad. El pecado real de estos chicos no era ser de otras universidades, sino ser gays más o menos obvios.

Los métodos de segregación pueden ser sutiles como el de la entrenadora de voley o anónimos como el de la gente de sistemas de Data. Pero en ambos son igualmente condenables. Qué es lo que se pretende controlar. ¿Data deseaba acaso evitar el acceso de la gente a páginas gays porque eso atentaba contra su productividad? .¿Deseaba la entrenadora de voley proteger la imagen interna de la universidad impidiendo que esos chicos jugaran voley mostrando en su juego y comportamiento que en efecto son gays?. La pregunta correcta sería talvez qué es lo que se pretende ocultar.

Es iluso pensar que en Data no hay gays. Como es iluso pensar que no los hay en algún sitio. La persona que me contaba lo que sucedió terminó su comentario diciendo “menos mal que no han hecho un seguimiento”. ¿Lo podrían hacer? Desde luego. Cortarles el acceso a este tipo de páginas podría significar una amenaza. Mientras en otros países AT&T por ejemplo, tiene una sección de su página web dedicada a la gente gay que labora en la empresa, acá, una empresa del mismo rubro lanza una advertencia. Mientras en otras universidades fuera del país la gente gay tiene un espacio especial dedicado a ellos, con actividades especiales, una agenda cultural específica, acá no se les permite el uso de unas canchas de voley.

Antiguamente el repudio social contra la gente gay estaba acompañada de una serie de mitos sobre su comportamiento. Se les calificaba de enfermos, de depravados, de degenerados sexuales. En los Estados Unidos en la década de los cincuenta se decía que los homosexuales raptaban a bebes para abusar de ellos sexualmente. Con el correr de los años el conocimiento ha ganado terreno a la ignorancia y con éste muchos de los antiguos mitos han ido desapareciendo.

Sin embargo en mucha gente straight aún quedan algunos miedos que vencer. Miedos que se ven fundamentados en los estereotipos. Son justamente estos miedos los que impulsan a personas como la entrenadora de voley o a los encargados de sistemas de Data a tomar actitudes como las relatadas.

Estos estereotipos a los cuales hago referencia, son por todos conocidos. Va desde el gay sofisticado, sensible, culto, amante del arte y del refinamiento (que es por decirlo de alguna manera el estereotipo “bueno”) hasta el homosexual escandaloso, bebedor, caricaturescamente afeminado, cuyo destino es el de ser peluquero o maquillador.

Aún en la mentalidad de muchos heterosexuales no se permite la existencia de homosexuales ingenieros, militares, futbolistas o dedicados a algún trabajo manual como la gasfitería, la carpintería o la electricidad. Estas ideas arraigadas van a tener que ir variando con el tiempo. Pero para que eso se dé se necesitan modelos.

En el Perú esos modelos son sumamente escasos. Y si bien es cierto muchos son secretos a voces, sería realmente sano y aleccionador que gays destacados en sus oficios y que son por todos reconocidos aceptaran su homosexualidad. No digo con esto que todo homosexual está obligado a aceptarlo públicamente. Sin embargo este país necesita de gente gay ejemplar que borre un poco los miedos y estereotipos que todos tenemos. Miedos y estereotipos que hacen que la gente heterosexual vea con malos ojos al gay, y que hace que éste se reprima, se martirice y vuelva su vida un suplicio.

Necesitamos modelos que vayan abriendo espacios, cambiando mentalidades, destruyendo mitos y logren que esos ataques tangenciales que han recibido Ricardo y Sandro, no se repitan. Y que el encargado de sistemas o la entrenadora de voley no se asusten, ni se enfurezcan. Modelos que demuestren que el mundo gay es un mundo complejo, lleno de gente distinta y que las generalizaciones están de más.

Sin embargo estos cambios son lentos y va a pasar todavía algún tiempo antes de que se den. Mientras tanto solo nos queda esforzarnos por ser merecedores del respeto del resto.

Lima 17 de Febrero de 2001


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