ESPACIO, DISCURSO Y ETNICIDAD:EL CASO DEL BARRIO COREANO

 

Corina Courtis

Lisandro de la Fuente

Ma. Irupé Domínguez

 

Estaponencia fue presentada en el área de dimensiones socioculturales de lastransformaciones espaciales de las sesiones de temas libres del "6toEncuentro de Geógrafos de América Latina" realizado en Buenos Aires entreel 17 y 21 de Marzo de 1997


Corina Courtis es Doctoranda enAntropología (UBA), Investigadora CONICET

e-mail: courtis@cvtci.com.ar

Lisandro de la Fuente es Estudiante avanzadode Geografía (UBA), Becario Fundación Antorchas

e-mail: liso@cvtci.com.ar

Ma. Irupé Domínguez es Licenciada en Sociología (UBA), Residente Hospital Tornú (Rieps) (1999 – 2002). Jefa de Residentes Htal. Tornú (Rieps) (2002 – 2003)


 

Introducción

 

El barrio coreano aparece como un hecho enel contexto actual de Buenos Aires. Los discursos que lo toman por objeto,rastreables en los medios de comunicación y en conversaciones cotidianas (1),utilizan como estrategia enunciativa fundamental la hiperexotización: a partirde unos pocos elementos -"rostros orientales", "productosexóticos", "carteles en hangul"- construyen una imagenesencializada de lo coreano que se centra, como diría Benjamin, en"el lado misterioso del misterio". La categoría de barrio coreano,además, remite a la idea de sujetos cerrados en comunidad y territorilizados.

Este trabajo nace de la problematización deldiscurso exotizante. Intentamos deconstruir esta imagen esencializada de locoreano transformando en relación lo que los discursos convierten enesencia. Así, por un lado, consideramos a la coreanidad en relación aprocesos hegemónicos de formación de identidades -hegemónicos en tanto "elprocesamiento de identidades tiene un efecto regulativo y coactivo de lasdiferencias" (Lazzari 1996:2). Por el otro, ponemos a esta posibilidadidentitaria que es la coreanidad, en relación a otras identidadesposibles (argentinidad, bolivianidad) con las cuales entra enjuego, pero que la categoría de barrio coreano no hace visibles.

Partiendo de la categoría de barrio coreanocomo "realidad", dato o producto, intentamos explorar suproductividad desde una dimensión espacial. Para ello, hemos recorrido lasmanzanas del barrio de Flores Sur comprendidas entre Avenida del Trabajo,Carabobo, Avenidas Castañares y La Plata: la zona de nuestra ciudad que, desdehace algunos años, se ha dado en llamar barrio coreano, Koreatown(o Coreatown), Little Korea o Pequeña Corea. Hemosobservado, registrado el área y entrevistado a algunos de sus habitantes.Utilizando como recurso metodológico de base la propuesta geertziana de lamultiplicidad de parámetros identitarios (Geertz 1967), proponemos ciertosplanos de significación en los cuales los actores organizan una compleja tramade interacciones: convergencias y divergencias, inclusiones y exclusiones,aprecios y desprecios, amores y odios. Abordaremos el plano de lo étnico y elsocioeconómico, que se conciben como separados sólo a los fines analíticos.Estos dos planos fueron elegidos en base a su relevancia fenoménica. No son losúnicos planos posibles de interacción que se indican espacialmente.

 

Las tres presencias: pragmática de laespacialización étnica

 

Cuando se aborda el barrio coreano desdeuna perspectiva estructural, lo coreano resulta una de lasposibles relaciones de identidad que han devenido hegemónicamente necesarias.Además de los coreanos, también los argentinos y losbolivianos aparecen como las otras dos presencias claves de este mundoclasificatorio. Coreanos, argentinos y bolivianos son lascategorías sociales para definir al otro interactuante.Y en esa definición del"otro", diacríticos fenotípicos, modos de acción y procedencia/origencobran especial importancia para la composición de un cuadro de jerarquíaétnica que se indica espacialmente. A saber:

Los argentinos o los porteños ("tradicionales"habitantes del barrio), en su papel moral de nativos y adscribiendo a un todomás abarcativo que oscila entre la ciudad y la nación, determinan la cualidad" típicamente porteña" de este espacio urbano.

Es desde este marco nativo hegemónico que serecorta a coreanos y bolivianos como grupos definidos y se lee supresencia como foránea. Ser nativo es, entonces, un lugar de poder que permiteno sólo sentar las bases de la interpelación más legítima del "otro"sobre las dicotomías nativo/inmigrante, nación/etnía, sociedad/comunidad sinoacuñar y monopolizar la metáfora de la invasión. "Nos invaden" o"estamos rodeados de..." son expresiones frecuentes que evocan derechossobre el suelo para mantener la distinción nosotros/ellos.

Pero la dicotomía nativo/inmigrante se complejizaporque lo extranjero es percibido en matices de exótico y familiar, de lejaníay cercanía. Los coreanos representan el polo de lo exótico, lo que vienede lejos. Coreano es el término marcado del barrio, sobre el que secentra la atención y se condensa la novedad y el movimiento; así, la zona delbarrio donde se densifica lo coreano deviene centro:"... allí por Castañares, por Carabobo es donde está el grueso [de loscoreanos], el corazón de Koreatown" dice una argentinaentrevistada. En este sentido existe un señalamiento de rasgos que -ya consignificado auto o heteroidentitario- visibilizan la coreanidad. Dichosrasgos aparecen primariamente encarnados en los cuerpos que se convierten enterritorio de coreanidad. Otros indicadores de coreanidad son elolor, negativamente valorado, los carteles en hangul y la estética de depósito.

Estas formas de usar y significar espacios -modosde acción sobre el espacio- se constituyen en marcas de coreanidad que losargentinos invisten de un halo de exotismo: la distancia cultural sepresenta, así, naturalizada y esencializada. Podemos decir, entonces, que loscoreanos no sólo marcan el espacio de maneras particulares sino queresultan ellos mismos marcados y significados por y a través de un espacio quese carga de sentido étnico.

Lo mismo sucede con los bolivianos (en estecontexto, una suerte de genérico por inmigrante de países vecinos -boliviano,peruano, paraguayo- e inclusive inmigrante interno, especialmente jujeño) (2),aunque desde la mirada nativa éstos se ubican como inmigrantes con historia,lengua y geografía originaria más familiares, más cercanas. Esta mayorfamiliaridad y cercanía no impide que las distancias se marquen también entérminos espaciales. Así, los bolivianos quedan excluidos comohabitantes del barrio: su presencia en el barrio coreano respondeprincipalmente a motivos de trabajo, de tránsito o escolaridad, pero su lugarde residencia es la "villa 21" o "villa Bonorino", el"barrio Illia" y el "barrio Rivadavia" - éste último,lindante con el barrio coreano, aparece en otras versiones como"villa Barrio Rivadavia" (Todo es Historia, ene.1991:38).

En este punto tanto nuestros registros de campocomo el material periodístico que tomamos por fuente nos enfrentan con unaserie de confusiones y contradicciones. Las definiciones de "barrio"y "villa" que esgrimen argentinos y coreanos sonborrosas, al igual que la denominación, delimitación y localización de la"villa 21", el "barrio Rivadavia" y el "barrioIllia". Estos "barrios" son presentados como zonas habitadas porex-villeros o zonas en vías de "villerización" (3). Interpretamosestas ambigüedades no como mero problema de referencialidad -de hecho losentrevistados identifican rasgos espaciales característicos de la"villa" como la ausencia de calles, precariedad de las casas ycantidad de casas por terreno- sino en calidad de connotación pragmática de unordenamiento espacial ("villero") cuya lógica se desconoce y que, porlo tanto, se percibe como confuso: "Yo me pierdo allí en las calles de lavilla".

Los mismos habitantes de esta zona de "puroboliviano" intercambian los términos "villa" y"barrio". En un intento de definición pedido por nosotros, unaentrevistada boliviana distingue al "barrio" como la parte máscercana al barrio coreano mientras que "la villa es másadentro". Y en una presentación inversa a la que hacen argentinosy coreanos, habla de la "villa" como en vías de "barrialización":"Villa y barrio son la misma cosa. La villa se va a convertir en barrioporque son lo mismo". Leemos, en esta maraña de sentidos, actualizacionesimplícitas de una puja simbólica por conservar o redefinir jerarquías espacialesmediante la palabra.

Pero si al interior de esta gran área de bolivianoslos límites entre "barrio" y "villa" son difusos, no sucedelo mismo en relación al barrio coreano. La topografía material misma seencarga de demostrar que cuando el término "barrio" se aplica alRivadavia o al Illia no cumple la misma función que cuando se habla de barriocoreano. Un primer elemento marca la separación espacial entre el barriocoreano -con sus residentes argentinos y coreanos- y elbarrio Rivadavia -con su población de bolivianos: la avenida Castañares."La Avenida Castañares divide en dos el paisaje. Por un lado estatranquila y pequeña réplica de Seúl. Del otro la gigantesca villa BarrioRivadavia" (Todo es Historia, ene.1991:38). Un segundo elemento deseparación es el largo paredón que bordea al Rivadavia.

Avenida y paredón se constituyen, así, en rasgos de una topografíaartificial que indica una situación de estatus superior/inferior (Leach1985:69) donde lo étnico resulta espacializado. El estatus étnico queda,entonces, atrapado en este contrapunto "barrio"/"villa-barrio" de manera tal que de los bolivianos no sólo sedistancian los argentinos sino especialmente los coreanos que"salieron" del Rivadavia: "Hace 25 o 30 años llegan los primeroscoreanos... se les asegura una parcela en el barrio Rivadavia. Esas fueron lasprimeras casas. Luego no les gustó la proximidad con la villa 21 así quevendieron en el Rivadavia y compraron en el barrio [por el actual barriocoreano]".

Es evidente que estas jerarquías espaciales involucranmucho más que juegos de estatus étnico. "Barrio" y "villa"nos remiten a otro plano de organización de las interacciones en el barriocoreano, plano que por momentos intersecta y por momentos se alinea con loétnico: el socioeconómico.

 

De explotadores y esclavos: talleres, fábricas ynegocios

 

Si el Rivadavia recibe un tratamiento diferencialy queda relegado al límite del barrio coreano no es principalmenteporque albergue bolivianos sino porque bolivianos equivale, eneste caso, a "pobres" o "villeros". Como dice Da Matta:"Hay espacios transitorios y problemáticos que reciben un tratamientodiferente. Generalmente esas regiones son periféricas o están escondidas porempalizadas. Jamás son concebidas como espacios permanentes oestructuralmente complementarios a las áreas nobles de una misma ciudad, sinoque son siempre vistas como locales de transición: ... locales liminares dondela presencia del fango marca un espacio físico confuso y ambiguo" (DaMatta 1985:50; el subrayado es nuestro).

La presencia misma de los bolivianos en el barriocoreano queda reducida fundamentalmente a lugares de trabajo. Losdependientes bolivianos son comunes en los negocios de indumentaria de coreanos,a tal punto que un vecino argentino entrevistado comenta: "En fin,emplean a bolivianos y peruanos... los bolivianos y peruanos se complementanmucho con los coreanos ...tienen rasgos físicos similares".

Vista desde otro ángulo, la complementariedad dela que habla el vecino aparece como una escandalosa situación de explotación.Desde los medios de comunicación se habla de fábricas "truchas" enFlores. Algunos vecinos argentinos sugieren que las muchas cortinasmetálicas bajas que se observan en el barrio esconden talleres y fábricas deeste tipo, en los cuales trabajan -hora tras hora- no sólo bolivianossino familias coreanas enteras. Como vemos, los argentinos apelantambién a aspectos temporales -ritmos diferenciales de trabajo- para marcardistancia cultural respecto de los coreanos.

Fábricas y talleres coreanos se constituyen,entonces, en índices de una suerte de simbiosis, en lugares clave deinteracción asimétrica entre bolivianos y coreanos. Y aunque coreanosy bolivianos justifiquen de diversas maneras esta relación (4), lamirada argentina lee ambos términos bajo la luz de la ilegalidad. Loscoreanos resultan más condenables porque pecan de "pasarse de listosen un país de vivos" y de "protagonizar un ascenso social percibidocomo vertiginoso en un contexto de creciente pauperización de la clasemedia" (Bialogorski y Bargman 1994:12).

En efecto, los coreanos son los"ricos" del barrio. La riqueza se hace ostensible, por ejemplo, en lapropiedad de autos "buenos" (5) que van cargando de coreanidadlas calles del barrio. Pero es especialmente la propiedad de casas y, sobretodo, de negocios la que define a los coreanos como "ricos".

Los negocios coreanos constituyen, juntocon los talleres y fábricas, puntos de interacción asimétrica con losbolivianos.En nuestras notas de campo son recurrentes las imágenes de bolivianoscortando nabos en las veredas de las verdulerías coreanas. Sin embargo,y quizás en virtud de la visibilidad que permite el negocio, la imagen deexplotador/esclavo aparece acá más diluida. Así, los negocios coreanosconstituyen también, aunque con un cariz diferente, nudos de interacción con losargentinos. Es frecuente ver señoras argentinas del barrio comprandoen las verdulerías coreanas, donde los bolivianos median lacomunicación.

Plasmadas en letreros y carteles, otrasestrategias comunicativas dan cuenta de que los negocios coreanos noestán sólo destinados a sus propios "paisanos". Las inmobiliarias,por ejemplo, si bien llevan nombres coreanos, exhiben sus fichas deventa y alquiler de propiedades en castellano. Algunos restaurantes recurren alletrero "comida china" o al más genérico "comida oriental"para asegurarse clientela argentina. La acomodación es, sin embargo,mutua: los pocos negocios argentinos apelan, por su parte, al cartelitoen hangul -aunque éste sea un pequeño y discreto agregado manuscrito- paraatraer clientela coreana (6).

Las tiendas se suceden en línea a uno y otro ladodel boulevard de Carabobo, en un crescendo de densidad hacia el cruce con laavenida Castañares. Esta concentración de negocios coreanos convierte aCarabobo no sólo en la calle comercial del barrio coreano sino en surecta principal. Inserta en un discurso hegemónico de organización espacial endamero, tal opción geométrica contribuye a la percepción de los coreanoscomo grupo organizado, y por tanto, homogéneo.

Los carteles de estos negocios marcan el espaciolegitimando y efectivizando la presencia coreana en el barrio frente aotras presencias. Grabado en la memoria de los habitantes del barrio hay unepisodio paradigmático de lucha simbólica por el espacio, que tuvo lugar en elpunto de mayor concentración de negocios coreanos -el centro de Koreatown:Carabobo y Castañares, justo en el nacimiento de la ex avenida Cobo. "Hacepoco, Cobo pasó a ser Corea por algunas cuadras. No fue una transición tranquila.Apenas instalado el cartel de Corea, le pintaron encima Cobo. Vinieron otros ypintaron Corea, otra vez Cobo, otra vez Corea. Y ganó Corea. Fue una escaramuzabarrial que no pasó a mayores" (Página 30, julio 1992:57).

Para interpretar esta "escaramuzabarrial" traemos a colación palabras de Van Gennep (1986:25):"mediante la colocación o fijación ceremoniales de los mojones o de loslímites ... una agrupación determinada se apropia de un determinado espacio ...Estos signos no se colocan a lo largo de toda la línea fronteriza ... sino sóloen lugares de paso, sobre los caminos o en las encrucijadas".

A la luz de estas palabras, resulta significativoque, en la dinámica del asentamiento de coreanos, la lucha por el poderen términos de legitimación de presencia se exprese en esta precisaencrucijada: Carabobo -el eje comercial, soporte de la "riquezacoreana" y línea de mayor concentración de marcas de coreanidad- yCastañares -la avenida que separa al "barrio" de la "villa-barrio",a coreanos y argentinos de bolivianos, pero que(recordando que "los coreanos salieron del Rivadavia") también oponepresente y pasado. Es éste un punto de pasaje que inaugura el vector demovilidad social de los coreanos, momento en que su particularidad-demarcada por la avenida Carabobo- se transfigura en universalidad alinstaurarse como equivalente a la particularidad boliviana -demarcada a partirde la avenida Castañares. Aquí han fijado su mojón cero -el cartel de avenidaCorea- y todo movimiento, traslado o mudanza que siga, en dirección norte, losejes que convergen en este punto será leído como ascenso social en un discursohegemónico que inviste con valores de positivo y negativo los puntos cardinalesnorte y sur, respectivamente.

Resumiendo: los negocios aparecen -con suscarteles en hangul y sus productos originarios de Corea- como los índicesespaciales de coreanidad más patentes. Por otro lado, los negociosconstituyen los nudos más activos de interacción entre coreanos, argentinosy bolivianos. Como señalan Bialogorski y Bargman "en suinterrelación con otros grupos étnicos de origen inmigrante y con sectores delcontexto mayor, los coreanos restringen [nosotros preferimos decir que centrano puntúan] el área de articulación permitida, fundamentalmente al árealimitada, específica e instrumental de lo laboral" la cual, debemosagregar, excede los límites del barrio ya que las zonas de trabajo másimportantes de los coreanos se ubican en Once y Flores Norte, donde haninstalado cantidad de pequeños comercios textiles. Esto nos sugiere larelatividad de la conjunción comunidad-territorialidad ímplicita en la nociónde barrio coreano.

 

A modo de cierre

 

Hemos partido del barrio coreano en tantodato para problematizarlo desde una mirada estructural que, a los finesanalíticos, distingue dos planos enlazados de significación en los cuales losactores barriales juegan sus interacciones: el étnico y el socioeconómico. Enéstos, el vector analítico parte de las clasificaciones sociales para llegar asu espacialización (dimensión espacial de las clasificaciones sociales).Creemos que sería interesante realizar el recorrido inverso partiendo delespacio para llegar a las clasificaciones sociales que éste indica (dimensiónclasificatoria del espacio). En ese sentido, hemos comenzado a trabajar con elespacio eclesiástico que pone de relieve fragmentaciones internas de los quesuele verse como una comunidad homogénea: dada la capacidad de la instituciónreligiosa de articular distintas dimensiones de la vida social, el espacioeclesiástico permite visibilizar fragmentaciones no sólo de corte religiososino también socioeconómico y hasta generacionales, fragmentaciones querelativizan la idea de comunidad coreana en tanto homogénea. Con lainclusión de este segundo vector, intentamos dar cuenta de la concepción delespacio que subyace a este trabajo: no se trata de un espacio pre-social, sinode un espacio significado socialmente pero que, a su vez, significa lo social;un espacio que está en función de la propia dinámica performativa de lascategorías sociales (Bourdieu 1988).

Creemos que el abordaje del barrio coreanodesde esta concepción del espacio es una vía interesante para entender lacategoría de barrio coreano -con sus implicancias de exotización,comunalización y territorialización de lo coreano- como efecto desentido activado por procesos hegemónicos de formación de identidades.

 

 

NOTAS

(1)Así lo demuestra esta citaextraída de un artículo de revista:

"A mediados de la década del60 llegan a Bs. As. las primeras familias coreanas, estableciéndose en el bajoFlores. La llegada de nuevos inmigrantes que buscan su vivienda cerca de la desus paisanos provoca la concentración de la colectividad en esta zona . Hoy,este lugar (comprendido entre avenida del Trabajo, Carabobo, avenida Castañaresy avenida La Plata) ha cambiado su fisonomía." (Todo es Historia,ene.1991:35)

(Para otras referencias al barriocoreano ver FUENTES).

(2)Si utilizamos estadenominación genérica es porque no resulta extraño escuchar que "todos soniguales". Un entrevistado "argentino" dice: "...pasandoAvda. Cruz son todos bolivianos. El barrio Rivadavia, el que hizo Onganía, esde bolivianos". Otro afirma: "¿qué diferencia hay entre un jujeño, unboliviano o un paraguayo? Todo es Buenos Aires, todo es Latinoamérica". Esnecesario aclarar que este "todos son iguales" tiene anclaje, comoprofundizaremos más adelante, en el plano socioeconómico: bolivianos, peruanos,paraguayos, jujeños son "los villeros". Se impone decir, sin embargo,que también la diversidad aparece expresada. Como corrige inmediatamente elúltimo entrevistado: "Hay algunas diferencias. El boliviano es másdecente, es trabajador; el peruano es ladrón; los paraguayos son buenagente".

(3)Para dar testimonio de laambigüedad que rodea a "barrio" y "villa" cito las palabrasde una maestra entrevistada hablando acerca de los paraguayos, bolivianos yperuanos que acuden a una escuela del barrio coreano: "Provienenbásicamente de barrio Rivadavia, que fue construido en la época de Onganía comolugar de relocalización de villas. Fue el Estado el que diagramó este barrio;luego se fue convirtiendo en villa. Sería la villa 21".

(4)Según el mismo artículo deldiario Clarín, "en todos los casos, las explicaciones de los'patrones' coincidían en intentar presentarse como 'benefactores' de personasde escasos recursos y nivel cultural, sin demasiadas posibilidades de progresoen sus lugares de origen" (Clarín, 20 ago. 1995:28).

Por otra parte, una entrevistada bolivianaempleada en un taller coreano expresaba que "el trabajo es bien.Trabajamos solamente dieciseis horas por día (...) Los coreanos son buenos, teexplican lo que tienes que hacer y te dicen que preguntes si no entiendes (...)En el taller tenemos cama y el cocinero es boliviano".

(5)"Somos ricos, en partesí, tienen razón. El auto es muy importante para el coreano -dice [el chicocoreano]. Hubo una época en que nadie quería tener algo menos que un Falcon. Losuntuario le gusta" (Página 30, julio 1992:58)

(6) Esta es una interesante víapara explorar las posibilidades identitarias generadas por las paradojas queencierra todo orden hegemónico .

 

FUENTES

"Con el corazón entre dos amores". En Clarín,suplemento

deportivo, Bs. As., 1° de octubre 1995, p.:6

"El espejo Amarillo". Texto de Itkin,Silvia; fotos de Lestido, Adriana. En Página 30, Bs. As., año 2, n°24,julio 1992, pp.: 54-59

"Los coreanos. El nuevo desembarcoinmigratorio". Texto de García, Fernando y Herbatín, Darío. En Todo esHistoria, Bs. As., año 24, n°285, enero 1991, pp.: 35-43

"Los esclavos de fin de siglo. Casos enArgentina". En Clarín, sección "internacionales", Bs. As., 20 deagosto 1995, p.:28

"Un paseo por Corea Town". En RevistaViva (Clarín), sección "curiosidades", Bs. As., domingo 14 deabril 1996, pp.:68-69

Registros de campo realizados por nosotros entrenoviembre de 1995 y agosto de 1996

Registros de campo realizados por JosefinaGhiglino y Mónica Lorenzo, integrantes del proyecto UBACyT "Los 'usos' dela diversidad cultural en un marco de neoliberalismo conservador. Continuidades- rupturas entre escuela y sociedad" dirigido por María Rosa Neufeld yAriel Thisted. Agradezco a ellas el haber puesto a mi disposición sus notas decampo.

 

 

BIBLIOGRAFIA

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